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viernes, 27 de abril de 2012

Hacia otro castellanismo (original de "Juan de Zapata")

Hace tiempo algunos castellanistas que veníamos del castellanismo político y viendo el pobre horizonte cultural de nuestra tierra y en general el oscuro destino que aguardaba a Castilla, decidimos unir nuestras fuerzas. Ante el agotamiento de los distintos proyectos políticos castellanistas y no ambicionando poltronas ni prebendas, nos decidimos por crear una Asociación Cultural. También decidimos revisar en profundidad el concepto de Castilla, que se nos antojaba alejado de la realidad y sobre todo de la tradición histórica. Como en todo nacionalismo o regionalismo, siempre hay algo de falsedad o de artificialidad y tampoco de eso se ha librado el Castellanismo. Desde los irreales y ridículos mapas de Carretero, a ese otro de 17 provincias, convertido hoy en dogma tridentino por parte de algunos. Sin olvidarnos de los que simplemente añoran la Corona de Castilla y León por completo, incluidas sus posesiones en ultramar. Es una falsedad decir que todas las comunidades de villa y tierra son Castilla porque resulta que también las hay fuera de Castilla. Es una falsedad justificar la absorción de la Región Leonesa (León, Zamora y Salamanca) en base a que a partir del 1230 los reinos de Castilla y León comenzaron a compartir un mismo rey (como sucedió por ejemplo entre Aragón y Cataluña), porque compartir un rey no es fusionar a dos pueblos diferentes. Es una falsedad identificar al Reino de León del año 1230 con las actuales provincias de León, Zamora y Salamanca, porque entonces la Corona Leonesa ocupaba una extensión mucho mayor que estas 3 provincias. Es una falsedad apropiarse de la exclusiva de la Guerra de las Comunidades, cuando su ámbito rebasó a la Castilla propiamente dicha, salvo que consideremos a Andalucía, País Vasco o a Alicante como castellanas. Y además dicha Guerra comenzó en Toledo en 1520 y finalizó en 1521 en esa misma ciudad castellana y no en Villalar. Es una falsedad decir al pueblo castellano que Los Comuneros usaban una bandera morada, cuando su signo distintivo fue una cruz roja por ser este el verdadero color castellano. Es una falsedad decir que El Empecinado usaba esa misma bandera morada en su guerra contra Fernando VII porque no hay ni un solo documento o testimonio que así lo indique. Y es una falsedad y esta quizá de las más graves, afirmar ante los castellanos que Castilla son 17 provincias porque así se firmó en un Pacto Federal Castellano, cuando el mismo fue un simple manifiesto del Partido Republicano Federal de 1869, que solo representaba si acaso a los miembros de dicho partido y no a Castilla. Entiendo que muchos han dedicado buena parte de su vida a defender estos dogmas, pero por ese camino hemos llegado donde estamos. El Castellanismo hoy es marginal y casi inexistente y el que existe ya ha tocado techo. Culpar simplemente al dogmatismo sería injusto por mi parte. Está más en la actitud de los propios dogmáticos que no solo han confundido el medio (el partido) con el fin (Castilla), sino que además nunca entendieron que un partido que se construye entre todos, pertenece a todos y no es patrimonio de nadie. Y esta realidad se ha repetido una y otra vez bajo estas u otras siglas, bajo esta u otra formación política y así fueron desapareciendo una tras otra. Por estas y otras razones algunos nos decidimos a ser más prácticos, sin que eso significara ser menos rigurosos a la hora de decidir de qué Castilla estábamos hablando. De modo que no nos marchamos al 1230, ni a las opiniones de los literatos del 98, de Onésimo Redondo, Gumersindo de Azcárate o de Sánchez Albornoz. Este último gran medievalista, pero que en realidad siempre confundió a Castilla con la Corona de Castilla y León y a estas dos con su idea de España, para al final bendecir segregaciones graves como Cantabria, La Rioja o toda la Castilla Sur y el nacimiento de engendros autonómicos como la comunidad autónoma de Castilla y León. Que una persona sea experta en algo, no la convierte en experta en todo y desde mi punto de vista el Sr. Albornoz no era ni fue nunca castellanista y es una de las personas que más daño ha hecho a la identidad castellana. Pero como decía, pensamos en acercarnos algo más a la realidad y dejamos de rebuscar en el 1230 o en 1869 para centrarnos en la madre del cordero que es la Constitución de 1978. En realidad es de aquí de donde parten los grandes males que azotan a nuestra tierra. Porque si hasta entonces habíamos tenido una Castilla dividida en dos, a partir de ese año y hasta 1983 vimos nacer 5 divisiones más. Con todo, la Constitución de 1978 reconoce algo importante, las provincias. Y por otro lado habla de autonomías pero no nombra cuáles, dado que hasta 1983 no se promulgaron los últimos estatutos autonómicos de las comunidades castellanas. Si la Constitución no menciona cuáles son las actuales comunidades autónomas castellanas, obviamente los artificiales límites geográficos e institucionales entre ellas pueden cambiarse. Lo que a dogmáticos y desertores siempre les pareció una utopía, a nosotros en cambio nos pareció algo cercano y realizable. No se trata de volver a Castilla La Vieja y La Nueva, que eran regiones meramente existentes en los mapas escolares. Se trata de unir a las provincias que formaban esas dos regiones sin olvidarnos de Albacete, que ha estado casi dos siglos intentando despegarse de su hermanastra murciana. ¿Significa eso que nos olvidamos de Utiel y Requena?. No, para nada. Esto es un punto de partida. Si los demás no tienen reparos en fijar públicamente su vista en territorios que llevan siglos siendo castellanos, nosotros tampoco tendremos complejo alguno en denunciar y gritar a los cuatro vientos lo que estimemos justo para Castilla y los castellanos. Lo que tampoco significa que estemos 30 años discutiendo si el pueblo de mi abuela que tanto me quería, es o no castellano. Tampoco nos olvidamos de ser solidarios y de ser justos. Si desde hace siglos en toda la Cartografía española y europea había sido una constante la existencia del Reino de León. Y si desde 1883 hasta 1983 había existido una Región Leonesa, pretender obviar estos hechos y reclamar como Castilla lo que nunca había sido tal, nos parecía una estupidez. Sabíamos que esto no iba a gustar en un sector del castellanismo morado, acostumbrado a imponer sin oposición alguna su idea de Castilla, pero nos dio igual. Y para nuestro asombro, nos dimos cuenta de que mucha gente compartía nuestro punto de vista. No solo nuestros hermanos leoneses claro, sino muchos castellanos en Burgos, en Segovia, en Toledo, Valladolid o en Guadalajara. Y es que el respeto que uno pide para sí, comienza por el respeto al prójimo. La misma injusticia cometida contra Castilla por parte de la clase política del Régimen del 78, se hizo también contra la Región Leonesa; cuando encima hubo mucha más movilización popular en contra en esa región, que en las dos castellanas. Y no olvidemos que el propio estatuto de la comunidad autónoma de Castilla y León habla y se remite a dos reinos. ¿Porqué una asociación cultural y no un partido político?. Simplemente porque nos pareció algo más plural, más abierto a todos y más cercano que un partido político. Como he dicho, aquí no nos vamos a matar por una poltrona en tal o cual ayuntamiento, ni vamos a vender a nuestra tierra por un plato de lentejas, venga del PSOE, del PP o de quien sea. Eso se lo dejamos a los demás. Además pensamos que era la mejor manera de crear una corriente de opinión. Somos muy conscientes de nuestros límites, pero si el ecologismo y el feminismo han podido calar en algunos partidos, el Castellanismo no tiene porqué ser menos. El triunfo comienza con la voluntad, decía Kipling. Y no olvidemos que partidos que ejercen como nacionales en las comunidades castellanas (PSOE-PP-IU), son regionalistas o abiertamente nacionalistas en Cataluña, Galicia, Valencia o Andalucía. Ese es nuestro propósito junto con el de velar, defender y promocionar el basto legado cultural de Castilla. Hoy amenazados por una identidad falsamente española que solo entiende de Flamenco y Toros y sobre todo por un peligroso proceso de Globalización, que supone la mayor amenaza para todas las Culturas e Identidades de los pueblos de la Tierra. De Santander a Ciudad Real y de Toledo a Logroño, pasando por Madrid, todo es Castilla. No buscamos nada más. Tampoco molestar a nadie, pero al que le moleste, ajo y agua que diría un castizo. Hace siglos algunos se empeñaron en meter en la cárcel a quienes defendían que la tierra era redonda o que no ocupaba el centro del Sistema Solar. No hace mucho tuvieron que pedir perdón. Nosotros respetamos todas las ideas, incluso las que no nos gustan. Solo esperamos el mismo trato por parte de los demás. Lo nuestro es una opinión y sobre todo una pasión por nuestra tierra a la que amamos tanto como el que más, no un dogma que queramos imponer a nadie. No estamos aquí para ganar dinero o fama. Estamos porque tenemos una deuda con esta bendita tierra de Castilla, con su Historia y Cultura y sobre todo con nuestros antepasados que nos observan desde las estrellas. Castilla tiene derecho a existir dentro de España y dentro de Europa. No para ser más que nadie pero tampoco para ser menos. A esta tarea os animamos a todos los castellanos de bien. Y no hay mayor bien que la lucha justa, noble y santa que es la lucha por Castilla. El Pendón Carmesí volverá a ondear sobre nuestra tierra, cueste lo que cueste y pese a quien le pese. ¡Viva Castilla Unida! Fuente: blog Madrid es Castilla

lunes, 23 de abril de 2012

23 DE ABRIL

El próximo lunes 23 de Abril es el día de Villalar, día en que se conmemora la lucha de los comuneros castellanos frente a las tropas del Emperador Carlos V. Es, por tanto, un día importante para nuestro pueblo, porque en aquella guerra para conseguir un sistema parlamentario (el primero del mundo) murieron muchos castellanos, así como también leoneses, andaluces y murcianos, que se levantaron en cada zona para oponerse al régimen cesarista impuesto con el golpe de Estado de Carlos V en 1516, auto-proclamándose en Flandes como Rey de Castilla y de Aragón (así como del resto de reinos peninsulares a excepción de Portugal). Golpe de Estado que provocó un disgusto tremendo al cardenal Cisneros y a todos los pueblos peninsulares, especialmente a leoneses y castellanos, quienes con más fuerza se levantaron contra la tiranía. Sin embargo junto a esta conmemoración es preciso también recordar que Villalar debería ser la reunión de muchas personalidades y sentimientos, no solo el castellano, que se invoca tradicionalmente. La guerra de las Comunidades no fue un hecho específicamente castellano (a pesar de ser los castellanos quienes lo encabezaron), sino más bien un hecho que, con episodios en Andalucía, Murcia, Extremadura y Álava, junto a las germanías de la Corona de Aragón, constituyen una eclosión de rebelión generalizada de los peninsulares ante el nuevo cesarismo imperante y de cuño germano-flamenco. Por ello, desde la Asociación Socio-Cultural Castilla queremos celebrar esta conmemoración como lo que fue: una lucha de muchas gentes para alcanzar un sistema más justo, más popular y menos absoluto. Asimismo, queremos constatar que Castilla, como personalidad histórica, conjunción de voluntades y sentimientos, y como cristalización de unos hechos históricos concretos, puede y debe tener unos símbolos y celebraciones específicamente suyos, amén de los fenómenos compartidos con otras zonas.
También hemos constatado cómo en los últimos años una conmemoración esencialmente popular y de reivindicación se ha transformado en un día autonomista, monopolizado por la comunidad autónoma de Castilla y León, quien con sus televisiones, fundaciones, partidos políticos y agentes sociales tergiversa la Historia y los acontecimientos, habiendo ya manipulado la propia celebración, de tal forma que prácticamente no se reconoce su significado original. Es por ello que en estos días en que recordamos a Juan de Padilla, María Pacheco, Juan Bravo, Alonso de Arreo y otros luchadores por un parlamentarismo más justo y un futuro mejor, también hemos de tener presente varias ideas: -Las autonomías no existían en 1521, y desde luego una conmemoración tan antigua no ha de servir ni ser tenido como una fiesta autonómica, a despecho de manipular vilmente los acontecimientos históricos. -Los héroes comuneros, ya sean de la zona que fueren, merecen que sus respectivos pueblos conmemoren ese día y esa lucha, que no fue, como nos pretenden hacer creer, una lucha por la identidad castellana, sino un empeño transversal con un marcado carácter social, que provocó el levantamiento de diversos pueblos contra la tiranía. Castilla como pueblo no puede ni debe monopolizar un fenómeno histórico que no le pertenece en exclusividad, ni arrogarse la medalla de una lucha que responde a un esfuerzo transversal y conjunto de muchos pueblos en ambas coronas peninsulares frente al cesarismo. -Castilla necesita unos símbolos unívocos y propios, además de las conmemoraciones conjuntas. ¿Por qué se ha abandonado a Fernán González? ¿Por qué no se conmemora al Cid? ¿Qué hay de la obra de Alfonso VIII, verdadero forjador de Castilla y uno de los mejores rectores que ha tenido nuestra tierra jamás? En consecuencia, celebremos con alegría el próximo lunes la lucha de esas gentes comuneras, teniendo presente su verdadero significado histórico en pos del parlamentarismo, la igualdad y un modelo justo, así como aumentemos en el futuro la atención que prestamos a hechos o símbolos específicamente castellanos, no reivindicados por nadie, que merecen sin duda convertirse en un futuro no lejano en verdaderos iconos de la personalidad castellana y de la celebración que no se ha conmemorado nunca: la de los forjadores de nuestra identidad. Feliz 23 de Abril ( publicado por la Junta Nacional de la Asociación Socio-Cultural Castilla )

domingo, 22 de abril de 2012

Necesitamos artistas, intelectuales, escritores, que den la cara por nuestra tierra. Pero aún queda esperanza. Mientras haya voces como la de Amparo. No tenemos diputados que nos defiendan, pero aún nos quedan poetas.

martes, 17 de abril de 2012

BRASA DE FUEGO ETERNO O CANTO DEL CISNE



El pasado domingo, día 15 de abril, la castellana ciudad de Segovia acogía el XIV Homenaje a Juan Bravo y los comuneros segovianos. Al igual que Juan de Zapata y sus comuneros madrileños, un puñado de castellanistas madrileños subimos hasta la ciudad del Eresma.

Día frío, ventoso.

Y una sensación, una certeza. Somos la última trinchera, el último dique antes de que el olvido deliberado y el genocidio cultural destruyan nuestra identidad, nuestras raíces, nuestra cultura, nuestra Historia.

Somos la brasa que puede hacer que el fuego eterno de nuestro pueblo no se apague.

O el "Canto del Cisne".

Mientras nuestro corazón lata, lucharemos. Pero si las nuevas generaciones no nos dan el relevo, si nuestro pueblo pierde su voluntad de existencia, se perderá en la marea de la globalización y la homogenización.


CASTILLA, DESPIERTA O MUERE

Back to Siroco

He vuelto al Siroco esta semana, tras años, más de una década, sin pisar su suelo. Cuando a finales de los 80 abrió la Sala Siroco en la calle san Dimas de Madrid, supuso un refugio para los amantes de la buena música de los años 50 y 60. Los sábados souleros, los domingos de Rock´n´Roll… y los conciertos. En Siroco me enamoré, sufrí desengaños amorosos, toqué con una de las bandas más demenciales de los años 90 (nos equivocamos de década, jejeje).

En fin, el pasado martes 12 de abril mi viejo amigo Patacho me invitó a “pinchar” en la “Coctelera Sónica”, tras el concierto de Iñigo Cöppel. Iñigo, trovador del Rock, pero para nada “coñazo” (que es lo que todo el mundo se teme al escuchar lo de trovador del Rock). Trovador, juglar o titiritero del rocanrol, como alegremente definió Patacho.

Versiones de Burning, Trogloditas (grande, Sabino), guiños al gran Bob, y unas letras de lo más inteligente que he escuchado en los últimos años. Altamente recomendable.

Y tras el súper-concierto, la pinchada a cargo de servidor: unas gotitas de Soul, un poquito de yeyé, aderezadas con unas ramitas de R&B, pop español de los 80…y hasta Hard Rock. Un público entregado y agradecido, aunque escaso (martes tras Semana Santa, What did you expect?) y la alegría de Patacho, que es toda una inyección de mentalidad positiva.

Gracias, Patacho, por contar conmigo. Y gracias por tus palabras. De vez en cuando alguien tan como yo necesita que le recuerden que la felicidad está dentro de uno mismo, y que los buenos tiempos los creamos nosotros.

miércoles, 4 de abril de 2012

LOS PERDEDORES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA.


Esta mañana he estado en la biblioteca del distrito. Como de costumbre, curioseando entre las estanterías de la sección de Historia, comprobando como, una vez más, cualquier pueblo peninsular e insular tiene su lugar en los estantes: Historia de Canarias, de Cataluña, de Andalucía... menos del pueblo que lideró la reconquista, el pueblo que más sangre vertió con diferencia para construir lo que actualmente conocemos por España.

He estado hojeando "los perdedores de la Historia de España" de García Cortázar, uno de los "Historiadores-estrella" o historiador de cabecera del régimen. En casa tengo su "Historia de España" y su atlas de Hª de España. Correctas. O más bien políticamente correctas. La labor del historiador es no ser conflictivo, no molestar a los que ostentan el poder.

En fin, que mi curiosidad malsana me ha llevado a buscar y rebuscar en índice y páginas un tema que considero capital en la Historia de España, y en la Historia de los perdedores en la Historia de España (fascinante juego de palabras).

Pues bien, entre los siglos XIV y XVI, entre los estertores de la Baja Edad Media y los albores de la Edad Moderna española hubo para este señor historiador toda una serie de personajes dignos de interés y clasificables bajo el epígrafe de "perdedores", desde judíos sefardíes expulsados de España hasta el ínclito Antonio Pérez, personaje suficientemente conocido y sobre el que el autor se extiende, dando pie a una quinquagésima reflexión sobre la agresión a los fueros de Aragón, y bla bla bla.

Para este señor historiador no merecen ni una sóla línea los grandes perdedores de la Edad moderna española, de apellidos Padilla, Bravo y Maldonado.

Uno, que cada año que pasa tiene más motivo para creer en conspiraciones de silencio contra Castilla, su Historia y sus mitos, ya no se sorprende en absoluto de determinadas omisiones. Hace algún tiempo no hubiese pensado que algo así fuese deliberado. Ahora no sólo lo pienso, estoy convencido.

Los verdaderos olvidados, los verdaderos perdedores de la Historia de España somos los castellanos. Nacidos para servir al Imperio, nacidos para perder. No somos "cool" ni modernos. Qué se le va a hacer. Pero, ¿quién soy yo para enmendar la plana a un prestigioso historiador? Sólo un pobre licenciado en Geografía e Historia (rama Arte) en paro. Un don nadie.

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