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domingo, 17 de febrero de 2013

NIÑATOS

“NEC SPE NEC METU” (Hecaton, adaptada por Séneca) "sin esperanza, sin miedo", se resumiría en algo así como: no espero nada del mañana pero no tengo miedo.

“…de puro mostrarse abiertos mundo y vida al hombre mediocre, se le ha cerrado a éste el alma (…) La persona se encuentra con un repertorio de ideas dentro de si. Decide contentarse con ellas y considerarse intelectualmente completa (..) EL HOMBRE-MASA SE SIENTE PERFECTO. Un hombre de selección, para sentirse perfecto, necesita ser especialmente vanidoso (…) LA MASA (…) ODIA A MUERTE LO QUE NO ES ELLA (…)” (José Ortega y Gasset, “La Rebelión de las masas”)
 
Debería volver a leer a don José en esta obra que tanto me influyó en mi adolescencia. El caso es que cada día que pasa, compruebo que en este mundo posmoderno las masas borreguiles han triunfado. No hay lugar para el disidente, para el que sabe, para el crítico con lo socialmente correcto.
 
Da igual la edad, la experiencia, los años invertidos en la Universidad, las lecturas, el ansia de saber, el pensamiento crítico. Cualquier niñato indocumentado en cualquier red social o plaza de las Vistillas viene a dar lecciones de Historia, Filosofía o Política a un licenciado universitario con muchos años, mucha vida y muchas lecturas sobre sus hombros.

Irrespetuosos, condescendientes, pretendidamente sarcásticos. Sin saberlo sois los mamporreros perfectos del Nuevo Orden: desacreditáis toda tradición, todo lo que huele a “antiguo”. Despreciáis vuestra propia sangre, vuestra tierra y a vuestros antepasados en nombre de una supuesta modernidad que os han inculcado desde las escuelas del sistema, desde los medios de comunicación del sistema. 

Me recordáis a esta cita de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao: 

"Los catalanes, los gallegos y los vascos serían anti-españoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman "buenos españoles", "modelo de patriotas", cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas!”.

Borreguitos engreídos, cipayos del poder, creéis que este mundo es perfecto y ordenado. Habéis hecho realidad el sueño de Goebbels, llevado a cabo por la propaganda soviética, y explotado hábilmente por todas las izquierdas del mundo: reducís a todo el que os lleva la contraria a la categoría de “fascista”, o “reaccionario”o “nacionalista”(otra palabra tabú entre el matrixborreguismo). Y ya está, os sentís muy madrileños y muy ciudadanos del mundo, o muy cántabros y prerromanos (¡!) o muy lo que os lleven diciendo desde hace 30 años.

Esta lucha es agotadora. Y en ocasiones solitaria. No se puede salvar a quien no quiere ser salvado, al que reduce toda argumentación a cuatro consignas y burlas engreídas.

Algún amigo me dice que no puedo confundir el mundo virtual con el real. Muy bien: ¿y qué encontramos en el mundo real cuando sacamos la bandera de nuestras raíces en esta Babilonia decadente? Sonrisitas, burlas, preguntas y comentarios estúpidos e ignorantes: ¿de dónde sois, de Valladolid? ¿esa bandera de dónde es? 
 
Madrid, donde nadie es forastero, donde cualquier jovenzuelo de la LOGSE o cualquier indocumentado periférico que lleva aquí dos días nos viene dando lecciones a los madrileños nacidos en el S.XX, (cuando Madrid era Castilla la Nueva, y la gente llamaba al pan pan y al vino vino) . Nos dicen qué somos y cómo nuestras ideas están “demodés”.

Esos supuestos “patriotas” españoles, tan cazurros o más que sus enemigos, los separatistas periféricos, se retroalimentan en su estulticia.

Su España no es mi España. Amo a este país, pero como decía, Unamuno, me duele. Amo a una España eterna, suma de identidades y de regiones diferenciadas. Esa es su grandeza. A algunos de estos supuestos “Madrileñistas” se les llena la boca con palabras como España y como Madrid (entendida ésta desde los límites del engendro autonómico actual); reivindican la Historia de una nación que tal como la entienden existe sólo desde 1812. Y encima te vienen dando lecciones de Historia y comparando tus ideas con las majaderías cantabristas, andaluislamistas o aranistas. Desprecian a su verdadera tierra, ·todo sea por el bien de España”, así en abstracto.
 
He intentado realizar una labor didáctica, pero esta es una tarea titánica. No voy a tirar la toalla, pero quizá sea el momento de una retirada táctica. 
 
No consigo ni el respeto ni la comprensión de los que tengo cerca, mi vida naufraga, y yo jugando a salvar a mi patria. Si su habitantes son tan imbéciles y antipatriotas, no merecemos otra cosa que el hundimiento y la extinción.










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