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sábado, 16 de agosto de 2014

Desconocido madrileño

“La memoria, donde se la toque, duele” (Giorgios Seferis)
“…Cuando he perdido tu espalda, cuando encontramos sólo vacío, mi amigo. Y me llamas de amigo con unhilillo de voz, con una sonrisa nerviosa que da a entender tu desgana; con un vulgar apretón de unas manos siempre sudadas…mi amigo. (…) Capitanes de quince años que fuimos, para ser ahora dos desconocidos.” (Desconocido, Cardalda-Coppini “Golpes Bajos” 1984 )


Curiosa es la memoria. Cuántas magdalenas de Proust, cuántos flash-back involuntarios. Ayer fue el día de la Virgen de la Paloma, patrona oficiosa de mi pueblo. Y hoy accidentalmente he escuchado el “Voices in the sky” de los Moody Blues. Curiosa es la memoria, y peculiares las combinaciones que establece en el recuerdo. Empecé a acudir a la verbena de la Paloma en mi adolescencia, con un grupo de amigos del barrio. Capitaneados por el primogénito de una saga familiar. Este mismo amigo con el que, ciérrase el bucle, acudí una calurosa tarde del verano de 1986 hasta los sótanos de la Gran Vía, en los que a la sazón se encontraba una de las tiendas de discos más importantes de la ciudad, Discoplay. Años dorados del vinilo, años de giradiscos e ilusiones juveniles.

En aquellos días el que esto escribe era un personaje ecuménico y conciliador, partícipe de diversas pandillas de amigos procedentes de un mismo grupo común, gran grupo madre que a mediados de los 80 se subdividió por esas cosas de la vida, o de este país tan fragmentario, que tanto monta.

Una de esas pandillas en realidad pasó de terceto a triunvirato, de “los chicos del cable” a la “panda del pacharán”. Calle Barquillo, paraíso del sonido. Amplificadores, psicodélicos, giradiscos. Incursiones incruentas a Discoplay o la Metralleta a comprar discos. Y los domingos, sesiones maratónicas de cine con otros hermanos del clan: en el Fantasio, el cinestudio Bogart, el Ideal u otro cualquiera:  ciclo Kubrick, Stanley Kramer o el gran Humpfrey.

A fines de los 80 el terceto se constituyó con otra vieja amiga y “lideresa” de acampadas en ambas vertientes de la Sierra de Guadarrama. Luces de colores, pacharán casero, tortilla de patatas y música psicodélica/progresiva. Pink Floyd, Camel.

Pero la vida da muchas vueltas. Una separación matrimonial, alejamiento por cosas de la vida, felicitaciones navideñas no correspondidas.

Estas Navidades, ingenuo de mí, volví a telefonear a mi viejo amigo pensando que se podría recuperar la amistad. Pero, estas cosas pasan en la vida, a veces las amistades se pierden.


“No me llames de amigo si me vas a dejar dolido, mi amigo”







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