All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Going nowhere, going nowhere
Their tears are filling up their glasses
No expression, no expression
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Hide my head, I want to drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow
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The dreams in which I'm dying are the best I've ever had
(...)
Went to school and I was very nervous
No one knew me, no one knew me
The dreams in which I'm dying are the best I've ever had
I find it hard to tell you, I find it hard to take
When people run in circles it's a very very
Mad world, mad world
Una de esas versiones que superan al original. Y eso que Tears For Fears son de lo mejor que nos dejaron los 80, y Orzabal un peasso compositor
Han
talado los olmos de mi barrio. La grafiosis ha vencido en mortal
partida a décadas, incluso siglos, de presencia, sombra y arrullos.
Maldita grafiosis, asesina de tantos olmos de mi tierra. Sólo uno se
resiste, centenario y comunero, en la esquina de las calles Juan
Bravo y Castelló.
Olma
vieja de los pueblos, ·”gernikako arbola” castellano, cuya
sombra desde medievales tiempos amparó concejos y disputas, pláticas
y cortejos. “Olmo viejo hendido por el rayo” al que tuvo que
cantar un vate andaluz, falto de abogados en su tierra.
Han
talado los olmos de mi barrio. De ellos sólo quedan anchos tocones
de anillos concéntricos, silentes testigos de estaciones cambiantes,
tiempos yeyés, transiciones, vidas consumidas, taxis franjirrojos y
taxis blanquinegros.
Han
muerto los olmos ante la indiferencia y el desinterés de sus
vecinos, esos urbanitas preocupados por abandonar la ciudad en
Semana Santa, cambiar las aceras por el asfalto carretero y el vermú
del domingo por paella en el chiringuito playero.
Miércoles
santo de un barrio, de un país, cada día menos santo. Camino de
minoría los que honran y conmemoran el acto de amor supremo de un
Dios que se hizo hombre y sufrió humillación, muerte y tortura.
Incluso entre los que aparentemente le recuerdan es amplia la tribu
de idólatras de policromados maderos y folclóricos eventos.
Qué
más le dan al madrileño urbanita (1) los olmos, Jesús y su Santa
Madre, nuestros campos y ríos , la agonía de las provincias vecinas
(2) o el genocidio cultural y demográfico de su pueblo (3)
Mientras
haya fúrgol, “sálvame”, Iphones y playa, qué más da lo demás.
Patrioteros de bandera con torito a los que da igual todo lo bello y
lo bueno que se desvanece ante sus ojos.
Han
talado los olmos de mi barrio. De ellos sólo quedan anchos tocones.
Madera perdida para siempre. Vidas perdidas para siempre. Como
nuestras vidas. Exactamente como nuestras vidas.
(1)Ciudadano del mundo, adalid del cosmopaletismo, azote de paletos, verdugo del campo por omisión (2)¿Sabéis que el mayor desierto demográfico de Europa no está en Siberia ni en Laponia? Está a tan sólo 100 km.de la megalópolis madrileña, ent)re Guadalajara, Soria y Teruel. Desequilibrios como ese son los que me acabaron de acercar al castellanismo . Algún medio extranjero se hizo eco de esta triste realidad, ante la indiferencia de los propios españoles, y lo peor aún, de los habitantes de la España interior y rural. (3) A los hechos me remito. El español medio ha dado la espalda a sus propias raíces, salvo en alguna región en la que precisamente el problema es la antítesis, chauvinista y nacionalista excluyente. Y ya no sólo nos vamos suicidando en los cultural, sino en lo demográfico, con una tasa de natalidad de las más bajas del mundo. Y la solución que plantean los medios “progres” (léase el País”) es traer millones de inmigrantes “a pagar la Seguridad social” en vez del fomento de la natalidad o evitar el éxodo de jóvenes (y no tan jóvenes) autóctonos
"...Perseguí la justicia que se me negó. He transformado mi odio en valor, en deseo de vivir mañana.
Esperé, pero nadie llegó, nadie llegó.
Esperé, en la puerta de atrás del paraíso (...)
La Frontera, 1985
El pepinillo ya no es tan mordaz. El pepinillo ya no es tan ácido. En el último año se ha prodigado poco. No se ha trasformado en odio el dolor, ni el odio en valor. Han pasado muchas y pocas cosas en sólo dos años, buenas, malas, mejores y peores. Pero hay un momento que hace replantearse todo, algo que desgraciada y afortunadamente sólo ocurre una vez en la vida.
Ella. Ella. Ella que te dio la vida, ella que te dejó algo de muerte al marchar. Si hay varias vidas en cada vida, más en unas que en otras, también hay varias muertes. Una parte de mí murió con mi abuela, otra parte con mi padre, otras pequeñas porciones con amigos y parientes. Pero con mi madre se fue una gran, gran, gran parte , se devoró una buena parte de la tarta de vísceras y sangre, ventrículos y aurículas que mueve a este insignificante primate. Ya se soplaron las velas de cumpleaños, y la fiesta se acabó. La tarta no se compró en la casa de las Tartas de la calle de Galileo, sino en el Tartalia de Aluche.
No. Con ella murió lo mejor de mí, y no me di cuenta en su momento. Más dura será la caída, más doloroso es siempre despertar. Ya no hay mañanas de lotería en pesetas, ni invierno ni niebla en este infierno de eterna primavera. Ya no hay futuro ni esperanza, ni promesas ni sueños eternos. Ya no hay poesía ni novelas ilustradas, ni juegos en el patio del colegio.
Es la vida, me dicen, que es lo mismo que decir nada. ¿Qué es la vida? una ilusión, What is Life? WTF? "Vivir, morir, tal vez soñar"
Como dijo el otro, no sabemos quienes somos, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos, y encima llegaremos tarde. Algunos llegamos tarde a casi todo. A otras cosas ni hemos llegado. Y a algunas ya nunca
Fascina la vitalidad de algún anciano nonagenario que se aferra a su vida, a su casa, a su barrio, cuando ya todo está escrito en el libro de la vida. A otros nos duele hasta el respirar.
Podría escribir los versos más tristes esta noche, tras escuchar a la bellísima Agnetta cantar eso de ¿dónde quedó el verano? Aquellos veranos sin preocupaciones ni hipotecas a orillas del Henares, cuando en el transistor Sanyo cantaba Elena Francis o aconsejaban los cánticos populares de Mocedades, Abba o Boney M.
Esta noche el pepinillo está cansado. Perdido y huérfano de nuevo. Sin certezas y a la deriva
Y mañana volverá a amanecer a mi pesar. Hasta mañana
“Aunque
el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté
por siempre oculto a mis miradas.
Aunque
mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi
juventud me deslumbraba
Aunque
nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de
la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la
belleza subsiste siempre en el recuerdo “(…) (Wordsworth)
“Despedidme
del sol y de los trigos” (Miguel Hernández)
Volver
a ser un niño. Volver a ser adolescente. Tener de nuevo ilusiones
puras. Sufrir otra vez, tener miedo de tantas cosas otra vez. No, no
todo tiempo pasado fue mejor ( parafraseando a les Luthiers,
“cualquier tiempo pasado fue anterior) .Antes las cosas malas eran
muy malas y se vivían con angustia y temor. Pero las cosas
buenas...las cosas buenas se vivían con una intensidad e inocencia
irrecuperables. Entre la zozobra del presente y la inquietud por el
futuro hay veces que uno necesita evadirse de la realidad
circundante, concentrarse en lo verdaderamente importante, entrar
dentro de uno mismo.
Ahora
lo llaman meditación, mindfullness y nosecuantascosasmás. Antaño era
oración. Sigue siendo oración y meditación hogaño. Hay
quien busca elaborados escenarios o situaciones. Pero si algo me
enseñó Inmaculada, amiga y facilitadora de Meditación, es que esta consiste en poner toda nuestra consciencia, o nuestra
atención, en el momento, en lo que nuestra voluntad enfoca,
trascendiendo las multiples distracciones que nuestros sentidos y
nuestra mente nos provocan. Meditar, al igual que orar, puede hacerse
en cualquier lugar. Encontrar a Dios entre pucheros y ollas, como Santa Teresa, o vivir intensamente las porras"del desayuno en un concurrido bar. Eso también es meditación. Todos hemos tenido esos
momentos, en soledad o rodeados de gente, en el que hemos estado , en
el que hemos vivido con plenitud.
El monte en cuestión, con mi padre (q.e.pd.)
y mi sobtrino Luis en una vespino; años 70
Recuerdo
una tarde, una apacible tarde de verano, sentado en un monte
divisando el valle del henares, vaciando la mente, escuchando The
Secret Life of Plants en el radioccassette
Las
vías del tren, el talgo que pasa, la estación, todo es una maqueta
allí abajo. Stevie Wonder suena entre los olivos y los tomillos, el
romero y la jara. El valle del Henares es una sinfonía de verdes,
ocres y amarillos. Un poema con versos de trigo, girasol, patata o
huertas, de choperas y barbechos.. Y al fondo, Espinosa. No existía
nada más en esos momentos. Ni exámenes, ni desengaños amorosos, ni
miedos y complejos. Ese momento era ese momento. Ser uno con Dios por
medio de su obra. Eso es meditación.
Esos
días ya no volverán. No pueden volver. Pero dentro de nosotros
sigue estando la divinidad. Como decía el amigo George Harrison,
“dentro de ti sin ti”
"Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria."
(Travis Bickle, Taxi Driver)
No, Travis, el tiempo pasa y la escoria va adquiriendo más y más poder. Los que deciden la muerte de los inocentes, traficando con con los sueños y la vida de niños y adolescentes, Los bastardos que escriben el guión de tu película, te etiquetan y te ofrecen una ideología válida