domingo, 26 de abril de 2026

….Y ABRIL SE DETUVO EL DÍA 24



–¿No te llevas la guitarra, hijo

–No , papá, el concierto es mañana


Era una noche de abril, terminaba el día en que desde púber homenajeabas a los Comuneros de Castilla . El día siguiente  era  un gran día.    Los Monks (de Madrid, no los alemanes), dábais un concierto decisivo, no recuerdo si en el  Positive de    “!la Prospe” , donde habíais tocado el año anterior con Los Inmediatos de Toledo y auspiciados por el Mod Generation Club, o en el Trilobyte. En todo caso, estábais en la cúspide de vuestra carrera y a vuestros pies se halaba el abismo por el que nos íbais a precipitar en cuestión de meses. Pero ese no es ahora el tema.


Aquella noche de fines de siglo saliste, como  tantas noches de viernes.  Bebiste hasta el paroxismo, como tantas noches de viernes.   Entre garito  y garito de Malasaña invitaste a  unos malotes conocidos a una ronda. Con cierta gente es mejor estar a buenas, sin duda. 


Una noche de viernes  más, de vacío existencial y crisis juvenil ahogados en un  oleaje de gintonics  agitado  por los sonidos del underground madrileño. 


Con la diferencia de que esa noche el teléfono  móvil , el segundo dispositivo que tenías en  tu vida, se había quedado sin batería. Total , qué importaba.  No iba a pasar nada


Y como  tantas noches de viernes, regresaste de madrugada. 


Aun   era de noche   y te aventuraste, como tantos fines de semana,   a asomar la nariz por la vieja churrería/fábrica de patatas fritas   a comprar  unas porras  para el desayuno. Siempre era una agradable sorpresa para tus padres , y más ahora que el maldito  Parkinson no permitía que   papá pudiese salir a la calle sin ayuda. Estaba cerrada, era áun muy temprano. Así que te doblaste la esquina y te topaste de bruces con Eloy, el afable encargado del “Bar Rodríguez”, uno de esos sitios  que eran historia viva del barrio, y que hace lustros que permanece solo en la memoria. 


– Buenas noches, Eloy . Tarde has cerrado hoy, ¿verdad?

– Menos mal que has llegado, Vicente. Han intentado localizarte. Se han llevado a tu padre al Hospital.

– ¿Al Clínico ?  Preguntaste sin salir del asombro.

– Eso parece. Pero no te preocupes, no debe de ser grave. La ambulancia salió sin sirenas.


Todavía en la nebulosa del sueño y el alcohol marchaste, no, corriste el medio kilómetro que separaba la casa de tus padres, a la que hasta entonces habías llamado hogar , del Hospital Universitario.


Todavía hoy recuerdas esos momentos como algo irreal, algo que le pasó a otra persona. Como la escena de un drama televisivo en el que solo eras un espectador. Una escena de telefilm de los 70, con familiares angustiados y un circunspecto doctor dando las malas noticias. No había vuelta atrás, era cuestión de esperar. 


Y en esos momentos de incredulidad, angustia e impotencia, no se te ocurrió otra cosa que telefonear (aún había teléfonos públicos) a tus amigos:  Lali, Hernán, Kike, César….para darles la mala noticia e informar que evidentemente el concierto no tendría lugar. Mi padre agonizaba, sedado, y nos turnçabamos junto a su cama mis hermanos, mis sobrinos y yo. Sobre todo mi sobrino Luismari, para el que fue padre además de abuelo-


A partir de ahí, memorias que el tiempo convierte en bruma. Niebla a pesar del sol deslumbrante, los trigos y los insectos. El Tanatorio de la M-30, las personas que vinieron: tu entonces jefe J.A., Leri, y colegas como Nacho Montes que venía directo de donde ibais a tocar “me dijeron que se había cancelado el concierto porque había fallecido el padre del guitarrista” Entierro, en el coche con tu madre. Solo importaba ella entonces. A pesar de lo que cuántas preocupaciones le diste con tu mecanismo de defensa, esa “huida hacia delante”, más alcohol, más salidas, más evasión.


No eras consciente en ese momento, pero con tu padre se había ido tu niñez prorrogada. La venta   del piso de Argüelles, la emigración a Campamento...ya nada sería como antes.


Años de visitar una tumba con unos huesos que me portaron sobre sus hombros, que me enseñaron a pescar y montar en bici, que me enseñaron el significado de la palabra bonhomia.


–¿No te llevas la guitarra, hijo

–No , papá, el concierto es mañana 

                                                                           

Algunos palos te los da la vida cuando menos te lo esperas. Y las despedidas son mucho más prosaicas de lo que imaginaste alguna vez.


Espérame en el Cielo, papá. Donde no escasean las carpas, los manantiales y los prados poblados de collejas y cardillos.

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