martes, 28 de agosto de 2012

1982



Nada, está visto que no me puedo dormir. Noche de insomnio, solo en casa con mis dos gatos, mis dos últimos amigos. Al borde del abismo, sin saber cuántas entradas de este blog podré seguir perpetrando antes de que me corten la luz o el ADSL por falta de pago. En fin, que no sé por qué motivo esta noche me ha venido al recuerdo otro verano, otro año. 1982. Treinta años ya, Dios mío. El mundial de fútbol de España, con los tiffosi en la Castellana, el infame Naranjito, la heladería de Alberto Aguilera, la cena de hermandad del 3º de BUP, borrachos como cubas en la calle de Luchana. Pedro Ignacio, Montes, Viñuela, viejos camaradas de otros tiempos. Tiempos más peligrosos quizá, pero más auténticos. Tiempos más inocentes. Y más idealistas. En octubre todo ese idealismo se volcaría en la primera visita del Papa Wojtyla a España (otra vez el Bernabeu) y en la victoria del PSOE en las elecciones generales. Bonitas mentiras, vistas con la perspectiva del tiempo. El abajofirmante, al que aún le quedaban unos meses para “descubrir” la fascinante escena de las vespas con espejitos y las parkas verdes, musicalmente era ecléctico, entre Jethro Tull, Simon y Garfunkel o los ecuménicos Beatles. Aquel año continuó siendo grande la Orquesta Mondragón, y entre la juventud de la época triunfaba el tito Mike Rivers con su “rock &´Ríos”. En fin. Conciertos de folk castellano a cargo de Almena y el Nuevo Mester de Juglaría, comienzo ilusionado del COU, cursillos de verano en el Seminario de Ávila, primer verano en Pinomar (Guardamar del Segura, Alicante), sonando el primer Lp de Mecano constantemente en el chiringuito (otro signo de los tiempos).
Pero aquel verano para mi tiene una imagen grabada a fuego en mi mente: una colina en Espinosa de Henares (Guadalajara), con el valle del Henares a sus pies. Allí sólía subir a retirarme del mundanal ruido. Sin saberlo en aquel tiempo y por lo que he aprendido después, en esos momentos practicaba la meditación, en contacto con la naturaleza de olivos, tomillo y romero. En esos momentos era uno con la tierra, con esa tierra arriacense que para mí fue tan hogar o más que mi Madrid natal. Verano del 82, a mis pies la carretera a Cogolludo, en lontananza el valle del Henares, el contraste de tonos amarillos del trigo y los matorrales secos y el verde de las choperas de ribera o los pinares de los montes en Espinosa.  A veces el silencio lo rompía con mi viejo radiocassette Sanyo. Recuerdo una cinta en concreto, grabada con retazos de programas de radio diversos, con Jethro Tull, los Secretos y el Secret Life of Plants de Stevie Wonder. Y allí, en la ladera del monte, escuchando el “secret life” y empapándome del sol y de los trigos, como diría el poeta, viendo pasar un tren talgo de esos plata y rojo con alguna advocación mariana. allí, en ese momento cuasirreligioso, alcancé la paz.

no sé por qué recuerdo ese momento esta noche. Han pasado ya 30 años. Y, como diría mi amigo José Luis de Micheo, yo, yo ya no tengo 16 años.

martes, 7 de agosto de 2012

Canciones del bosque

En medio de este insoportable calor urbano y del hartazgo de todo lo que supone esta pseudovida que sufrimos, siempre eleva mi espíritu y me reconforta recordar ese bosque en el que pasé los mejores momentos de mi vida. Pinares de Valsaín o choperas a orillas del Henares. La arboleda primigenia, el paraiso de las sombras. Ese mismo bosque que se empeñan en matar todos los veranos.

sábado, 4 de agosto de 2012

Espartaco

Fui un esclavo feliz. Por mil euros al mes desempeñaba un trabajo por el que tendría que haber cobrado el doble, o más. Era la mano derecha del jefe. Estresado, pero contento. Como otro esclavo más, el dinero me daba acceso al “soma”de un Mundo Feliz. Un mundo de consumo, de salir los fines de semana, los veranos viajecito al extranjero, pagar la hipoteca y consumir. El sueño del esclavo terminó tras dos años de pesadilla, conflictos laborales, mobbing, ingratitud y ansiedad. El sueño del esclavo feliz terminó entre ansiolíticos y el FOGASA. Otros dos años pasaron. Años de libertad, de reencontrarse a uno mismo, de dejar de bajar la testuz, de decir “nunca más”. Dignidad y pobreza vinieron de la mano. Algunos trabajos temporales pero en los que mantuve la cabeza bien alta. Y después, siempre el paro. Ahora soy un hombre libre y digno. Pero ni la libertad ni la dignidad van a pagarme la hipoteca o el pienso de los gatos. Una cosa tengo clara. Voy a luchar. Y a vender muy cara mi piel. A mi no me van a desahuciar, a echar de una casa que llevo años pagando e invirtiendo en ella sin lucha. Los que mandan creen que saben bien lo que hacen. Quieren sumirnos en la desesperación y el miedo. Piensan que un hombre desesperado no se va a rebelar. Pero les puede salir el tiro por la culata. Entre los cientos de miles de familias echadas de su hogar por creer las mentiras de banqueros y políticos, entre los millones que hemos perdido el trabajo, alguien puede decir NO. Quien no tiene nada que perder, ya no tiene nada que temer, Nuestro pueblo se ha vuelto cobarde y borrego. De Herren Volk ha pasado a rebaño de merinas. Mientras haya trabajo y dinero, el obrero puede relajarse y “pasar”. Pero si a ese trabajador le quitas el trabajo, su casa, su dignidad , puede que se arroje por la ventana o se vuelva un indigente entre cartones y bricks de don Simón. O puede que ante la desesperación, luche. En las películas del Oeste ( a.k.a.“Western” ) había la figura del manso, del justo que vivía pacíficamente en su rancho y no se metía en líos. Hasta que le quemaban su rancho, mataban a u familia, y se convertía en un vengador sanguinario. Cuidadito con los mansos contrariados.

martes, 3 de julio de 2012

Odio y amor al verano

Desde muy niño odié el verano. El invierno eran mantas y recogimiento, era familia y Navidad. Era oscuridad. Uno ha debido de ser vampiro en vidas anteriores, o conde romántico, pero siempre criatura nocturna.

En fin, otoño, primavera e invierno eran colegio y amigos, sábados por la mañana jugando en el patio o viendo en la tele los programas de Torrebruno.

Pero llegaba el verano y el odioso calor. Odiaba las piscinas, no sabía nadar y además me parecía vulgar lo de que la gente se despelotase la gente en público. Muy poco elegante, y desde luego nada sofisticado.

El mar, el sobrevalorado mar, lo conocí ya mayorcito, con 13 años. La playa, con 15, y tampoco me parecía nada del otro jueves. Con el tiempo aprendí a nadar, de aquella manera, pero seguí sin verle la gracia. Ni a la arena, ni a las bajadas de tensión, ni a ponerse cangrejo . Modas, al fin y al cabo. Hasta el S. XX prácticamente nadie iba a la playa, y el moreno se veía como algo vulgar y plebeyo. En fins…

Mi otro verano era a orillas del Henares, un poco más relajado, escuchando el sonido del viento en los árboles de ribera y pescando. Por la noche, partidita al fresco de la noche, escuchando los grillos bajo las estrellas. Ese verano era un poco más llevadero, pero al final también aburría.

El caso es que he odiado el verano toda mi vida.

Hasta que llegaron los 80. Si, adolescencia, divino tesoro. Eran días en que aún estaba permitida la acampada libre en ambas vertientes de la Sª de Guadarrama (inconscientes…).

Allí íbamos, en tropel, con nuestras tiendas, nuestras guitarras, nuestros botes de fabada y nuestros fuegos de campamento.

1983, 1984, 1985, 1986…Cercedilla, San Rafael, guitarra nochera, ahora que estás ausente, adiós ríos adiós fontes, gymkanas, volley-monte, busca leña, haz comida, friega platos, duerme al vivac, monta tiendas, trae agua del manantial, lidia vacas serranas, canta, rie, se feliz. Se joven y feliz. Viejos amigos, Carlos, Angie, César, Pepa. Lolo, Manuel, Chula, Santi, Inma, las Bautista, las de la Banda, las Pérez Tauler, Ester, Isabel, Gomis(nolas), Marta, Mel, Fausto I y II, José Luis, el Jiwnani, Manolo, los G. Minayo, los curas, etc etc etc.

Momentos irrepetibles bajo las estrellas y junto al fuego de campamento. Los recuerdos se agolpan en mi mente pero son tantos…y sobre los recuerdos, los sentimientos, las sensaciones, los olores, a resina, a brasa de pino, la música...es difícil pasar a un teclado todo eso.

Más doloroso que pensar que todo ya pasó es pensar que a alguna de esas personas quizá no las vuelva a ver jamás. Como cierta walkiria vallisoletana a la que perdí la pista hace casi 20 años.

El caso es que ahora añoro esos veranos. Esos agostos de “Rodríguez” en Madrid, las partidas de Risk hasta el amanecer, el puesto de helados de Santi, las incursiones al cine de verano, cenas improvisadas o partidas de futbolín y mus.

En fin, como dijo el poeta:

“Aunque mis ojos/ya no puedan ver ese puro destello/que me deslumbraba.

Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba,/de la gloria en las flores,

no hay que afligirse. /Porque la belleza perdura siempre en el recuerdo.”

William Wordsworth

¿ Y ahora, qué? (¿hay vida después del fúrgol?)

“vulgo crédulo, bárbaro, necio, libre, novelero, insolente, hablador, sucio, vocinglero, embustero, vil” (Baltasar Gracián)

Campeones de Europa. Eso está bien. Por una vez, estamos (casi) todos de acuerdo, de Norte a Sur y de Este a Oeste. Y eso que algunos oficialmente ni existimos. Los del centro, de hecho, ni estamos ni se nos espera.

Yo no soy muy futbolero, qué se le va a hacer. Otros defectos y virtudes tendré, pero no soy futbolero. Lo que no quita que este domingo vibrase como un hincha más de la selección española. Es mucho lo que representa ese grupo de millonarios en pantalón corto para un país en declive (de hecho, en declive desde el S. XVII). Para un país enfermo esta victoria ha sido un bálsamo. Una válvula de escape colectiva, una vía de evasión. (lo de Ricky sobre evasión)

El opio del pueblo ha vuelto a tener a nuestro país pegado a una pantalla de televisión. Ya pasó. Y ahora, vuelta al mundo real.

Mientras los del marqués se van a llevar 300.000 €, otros volvemos a la cola del INEM. Ni Piqué me va a pagar la hipoteca ni Cesc nos va a dar trabajo. La vida sigue, y los desahucios no se van a detener porque seamos campeones de Europa. Ni la lucha de los mineros, o de los profesores.

Campeones de Europa en balompié. Pero también en paro, fracaso escolar y consumo de coca, entre otras lindezas.

Dicen que una victoria deportiva estimula el optimismo colectivo y la economía del país. La marca “España”, y todo eso.

Digo yo que el turismo, que es lo único que vendemos en el mundo. ¿Más turismo? ¿para dónde? Pá la costa, para la España costera, que es la única que existe. De hecho, hojeando folletos turísticos de rutas por España, tienes rutas en Galicia, en Asturias, en Cantabria, P. Vasco, Cataluña, Andalucía… Adivinad qué regiones no tienen ni ruta ni perrito que las ladre. Mañana, Soria seguirá igual de olvidada, Zamora y Teruel seguirán en el olvido. El trasvase seguirá llevándose el agua y el desarrollo de Castilla-La Mancha para que Murcia mantenga su huerta y sus complejos turísticos. Solidaridad lo llaman. Colonialismo interior es lo que es.

Mañana la España interior seguirá durmiendo el sueño de los justos.

Despertad de una vez. Despertar o morir.


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