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jueves, 19 de febrero de 2026

ESPAÑA EN LIQUIDACIÓN (I): LOS TRENES DE BABEL

EL TREN DE BABEL 

Empezaré contando a los más jóvenes, intentándolo al menos, lo que supuso el ferrocarril para la gente de mi generación. O al menos para unos cuantos. Con el tiempo me he dado cuenta de que en este tema (y otros) no somos, desgraciadamente, Reino Unido o Alemania. países en los que existe una gran afición por los trenes y todo lo que hay a su alrededor. En los que hay interés por la preservación del patrimonio ferroviario, todo lo contrario a España.


De niño en mi familia no hubo automóvil (en casa del herrero...en casa del mecánico). A mis padres les gustaban el campo y la pesca, por lo que para salir de la metrópolis los desplazamientos habían de realizarse en autocar o  ferrocarril. Sobre todo en ferrocarril A finales de los años 60, en autocar nos movíamos a diversos embalses (Los Cabezos, Cijara, Buendía, Entrepeñas...) con una peña de pescadores.

En tren íbamos a Los Huertos, Segovia. En Segovia capital tomábamos la desaparecida línea Segovia-Medina del Campo (la "ruta de los elefantes")  de la que aún recuerdo perfectamente la silueta verde y plata de los trenes-tranvía (las míticas"SUIZAS"de RENFE) dibujándose en un horizonte de catenarias bajo el azul cielo de Castilla. Bajábamos en la estación de Hontanares del Eresma y desde allí caminábamos. Adobe, trigos y ovejas.    Esta línea sería una de las muchas  eliminadas, sacrificadas en el infame altar de la diosa economía. De eso hablaremos después.


En la incesante búsqueda  de nuevos territorios de pesca recorrimos los ríos de  la  Castilla central : Manzanares, Tajo, Jarama...hasta recabar en mi querido y añorado Henares. Empezamos en Fontanar y Yunquera de Henares (manantiales, berros, cangrejos de río)  donde viajábamos con mi cuñado Ángel y su seat 127 o en tren. Aquí quería llegar.  En aquellos años 70  del siglo pasado era  fácil desplazarse  en ferrocarril a los caladeros de carpas, barbos o “black bass” (vulgo “blas blas”)


Gracias al tren pudimos ir remontando  la  cuenca del Henares por la línea Madrid-Barcelona en busca de una nueva frontera, hasta llegar en 1975 a Espinosa de Henares,  la que sería nuestra segunda casa durante lustros.


Recuerdo aquellos viernes por la tarde, finales de los 70,  en el  Ferrobús Madrid-Arcos de Jalón  con un heterogéneo pasaje de campesinos o pescadores de clase trabajadora, llegando al atardecer a  la tranquilidad  arriacense.  O los sábados en el Expreso Madrid- Zaragoza-Pamplona, remolcado por las ALCO 2100, si no recuerdo mal . Ya en los 80 y la electrificación total de la línea viajaríamos en mis añoradas UT 440, azul y amarillo. Para un niño de mi época era otro mundo, un Paraíso con olor a cereal segado y rumor de chorreras, tan lejos del infierno urbano que en aquellos días era Madrid.


Cuántas veces en los últimos años he reflexionado sobre la paradoja de que en los años 70 y 80 estuviésemos mejor comunicados con localidades de las provincias limítrofes a Madrid que hoy día. Más horarios, frecuencias de paso y lugares a los que se podía llegar en tren y ahora no. Este paso atrás seguramente se deba a tres factores: 1) el apoyo institucional al transporte por carretera 2) el régimen autonómico  y 3) la eliminación de numerosas líneas, que es a lo que voy ahora. 


Ya en los años 70 comenzó  el proceso de eliminación de líneas “no rentables” , que a partir de enero de 1985 fue imparable debido a la nueva legislación sobre líneas deficitarias ( véase “Vía Libre” que lo resume perfectamente: https://vialibre-ffe.com/noticias.asp?not=1158). Desde la legendaria “Ruta de la Plata” Sevilla-Gijón que seguía prácticamente el trazado de la Vía de la Plata de la Hispania Romana, la anteriormente citada Segovia-Medina del Campo (1993, desmantelada incluso, desde Segovia a Olmedo) , el Ferrocarril Valladolid-Ariza (también 1993, sin vías incluso en la mayoría de su recorrido), el inacabado Santander-Mediterráneo (“en 1985 la línea fue clausurada al tráfico de pasajeros,aunque todavía se mantuvo abierta al tráfico de mercancías durante algún tiempo”https://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril_Santander-Mediterr%C3%A1neo ; en la actualidad casi todo el trazado está desmantelado ) etc etc


Ya en tiempos recientes se han visto cerradas líneas tan importantes como el directo Madrid-Burgos   , (desde 2011 “el trazado comprendido entre las estaciones de Manzanares-Soto del Real y Aranda de Duero, que totaliza unos 159 kilómetros de longitud, se encuentra cerrado a la circulación de trenes con servicio comercial.” https://www.elconfidencial.com/espana/2019-12-08/adif-via-ferroviaria-fomento-fantasma-agujero-millones-despoblacion456_2303807/ o el Madrid-Cuenca-Utiel, otro caso en que una línea histórica ha sucumbido por parámetros meramente económicos o políticos. 


Mire usted por dónde, la inmensa mayoría de esas líneas servían para estructurar, comunicar transversalmente o dar vida a la “España vaciada”. Dentro de esa España vaciada ha habido víctimas maś perjudicadas,  las provincias de Burgos, Segovia o Soria. Todas en la Castilla abandonada. Incluso poblaciones importantes como Cuenca o Aranda de Duero se han visto afectadas por estos recortes. El caso de Aranda es claro: el eje ferroviario de la Ribera del Duero, que podría haber contribuido al desarrollo de dicha ribera y a descongestionar la carretera N-122 con un buen servicio de mercancías en caso de que el transporte de viajeros no hubiese resultado rentable. Al respecto de la rentabilidad, en otras regiones (Cataluña, Andalucía) no se cerraron tantas líneas al invertir e implicarse los respectivos gobiernos autonómicos. 


Lo de la provincia de Soria es una muestra de falta de visión y desinterés por parte de las administraciones, indiferencia por parte de los propios nativos… un desastre. De estar atravesada por tres líneas férreas que la ponían en el mundo y/o la comunicaban con sus provincias vecinas Soria ha visto cómo solamente se quedaba comunicada con la capital de las Castillas y de las Españas, y encima con un tramo de vía única bastante avejentado entre Soria y Torralba, donde enlaza con el FFCC Madrid-Barcelona. El mencionado Valladolid-Ariza comunicaba a la ribera del Duero soriana con Aranda de Duero, Peñafiel , Valladolid y Aragón, y el Santander-Mediterráneo comunicaba a Soria con el norte de Castilla y al sudeste con Aragón también.


Al final, lo de las líneas y la despoblación es como el huevo y la gallina: se suprimen líneas por la despoblación que lleva a la baja rentabilidad pero a su vez al suprimir esas líneas se dificulta el acceso a esos territorios por otro medio que no sea el vehículo privado que lleva a mayor despoblación. Todo ello en el marco de un abandono absoluto: sin colegios, sin centros de salud….la España vacía agoniza. 

Y mientras que las provincias del interior veían arrancar las vías, la España “de primera” contemplaba admirada el advenimiento y florecimiento de una red de ferrocarril de Alta Velocidad. Trenes rápidos que, a modo de lanzaderas o aviones, comunicaban la megalópolis mesetaria con las provincias de la periferia rica. Trenes rápidos que Castilla veía pasar sin parar, veloces, como si reviviese la escena de la caravana en “Bienvenido, Mr. Marshall”. 


Siempre he pensado (en este y otros muchos temas estoy enfrentado a la mentalidad mercantilista liberal) que los servicios públicos (sanidad, energía, abastecimiento de agua, infraestructuras y transportes ) debían de primar, como su nombre indica, el servicio público frente a la rentabilidad económica. Como en tantos otros temas esta rentabilidad también se vio perjudicada por el descuido en el mantenimiento y mejora de instalaciones, vías, etc. Y sobre todo por el apoyo institucional a la dictadura absoluta del transporte por carretera. No deja de hacerme gracia que en estos tiempos que se promueve teóricamente el transporte público y amigable con el medio ambiente no se apoye al ferrocarril convencional. Otra paradoja de estos tiempos de locos.  


Arribó el año 1992, el que iba a cambiarlo todo. El que certificaba la conversión de España en un país europeo fetén, con infraestructuras de primera. Las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, acontecimientos ponían en el mapa mundial  ¿a España? No,a toda no, solo a la España periférica, la única España que conoce el norteamericano, japonés o europeo medio . Esa España que se reduce a Barcelona, Andalucía y un Madrid previamente des-castellanizado y desnaturalizado por el régimen. El año 1992 nos trajo el AVE, el nuevo becerro de oro que prometía un progreso ininterrumpido , o al menos el sentido del progreso de gobernantes y mayoría de españoles, de espaldas a amplias extensiones del interior, a costa de las Españas esquilmadas. A costa, entre otras, de la Castilla despoblada. 


Llegó el nuevo milenio y en plena locura colectiva se creyó en que España era un actor fundamental de la UE, la OTAN y la internacional de petanca. Se arrancaban las vías que llevaban a Peñafiel o a la Rasa (Burgo de Osma) al mismo tiempo que se tendían líneas de Alta Velocidad a todas las poblaciones costeras. Como ya he comentado en otras entradas, y volveré en la entrada que dedicaré, si Dios quiere,al desmantelamiento de las Castillas, todo pensado para desarrollar más aún a los ya desarrollados y para seguir viviendo del turismo de sol y playa. 


Pasaron las décadas y la Alta Velocidad se convirtió en la joya de la corona del régimen del 78. Hasta que llegaron los años 20 de este siglo con sus primeras señales apocalípticas en forma de nuevas guerras, epidemias devastadoras, desastres climáticos, polarización de los pueblos y políticos incompetentes. En esas estábamos cuando despertamos de golpe de 34 años de sueño por un tremendo accidente que se llevó muchas vidas humanas. No son pocas las voces dentro y fuera del ámbito ferroviario que denunciaron el empeoramiento del servicio de alta velocidad y su mantenimiento. “Doctores tiene la Iglesia” y no soy especialista en la materia, así que cada uno investigue y saque sus conclusiones.Solo sé que quizá deberíamos mirar de nuevo al ferrocarril convencional. Quizá no  tenga sentido disponer de la segunda red de alta velocidad más extensa del mundo si luego esta no funciona debidamente o su seguridad es cuestionable.


En primer lugar, mis condolencias a las familias de las víctimas de Ademuz.


En segundo, un llamado a recuperar el tren como motor de desarrollo de la España vaciada, sobre todo de mi Castilla abandonada.


Y en tercer lugar, una reflexión políticamente incorrecta: igual que en el Antiguo Testamento los hombres construyeron una torre de Babel para desafiar a Dios,  nosotros en nuestra soberbia quisimos ser los más veloces. 

Olvidamos que lo importante no es llegar antes, sino saber a dónde se llega.


El sueño de los años 20 terminó con la pesadilla de los 30 y la carnicería de la segunda guerra mundial. El sueño hippy de los 60 terminó en la pesadilla de Charles Manson. El sueño de 1992, el sueño de los 80 y 90 españoles, ha devenido en una pesadilla de ciudades masificadas, campos deshabitados y vías muertas. España está en liquidación, y la solución no está en cambiar unas siglas por otras. Necesitamos una revolución interior, ser humildes, volver los ojos a la voluntad divina y retornar a nuestros campos y nuestros trenes. Meditad sobre qué podemos hacer antes de que sea demasiado tarde.  Así sea.

domingo, 25 de agosto de 2013

El río

Dedicado a todos los pescadores de agua dulce de la España interior, como mi padre q.e.p.d.

Rio Ucero
Río Ucero cerca de el Burgo de Osma, año 1998


“…a la margen del Henares, en la Alcarria, vive una chica y me está esperando allí (…) (Los Hermanos Cubero) 

“….Nuestras vidas son los ríos /que van a dar en el mar / que es el morir (…) (Jorge Manrique)

“….Flow river flow /Past the shaded tree/Go river, go/Go to the sea (…) (Roger McGuinn, Ballad of Easy Rider)


Tengo pendiente escribir esa novela que dedicaré a mis padres y a nuestras andanzas por las riberas de esos ríos de Dios. Pero en tanto llega, sirva esta sencilla entrada de prefacio.

Muchos españoles del interior no conocimos el mar hasta cierta edad. Como muy bien se refleja en la serie de TV “Cuéntame”, nuestra diversión acuática, amén de las piscinas sindicales, eran los ríos y en menor medida los embalses.

Nuestros ríos no eran los grandes, caudalosos ríos de Europa, navegables, majestuosos.
 
Los nuestros eran humildes “aprendices de río” como el Henares, el Manzanares, el Jarama o el Eresma. Salvo el Tajo, que viví en Aranjuez, y el padre Duero, que visité esporádicamente, MIS ríos eran como ya he dicho, humildes. O, como prefiero decir, a escala humana. Rios, riachuelos y arroyos, en alguno de los cuales aún se podían pescar cangrejos de río a principios de la década de los 70. Manantiales de aguas cristalinas de Fontanar, donde recoger el berro. Henares tan cercano a mi corazón. Jarama de Mejorada y sus tomates. Eresma de los Huertos y la infancia profunda, olor a adobe y a trigal. Manzanares entre el Pardo y Mingorrubio, Manzanares con olor a cuadra y redoble militar. O Manzanares del Puente de los Franceses, merenderos y a jugar a la rana.

Todos han formado parte de mi. De baños, de pesca, de vida. 

Los ríos, al fin y al cabo, son más cercanos al hombre, son la metáfora perfecta de la vida desde los versos de Jorge Manrique.

Por eso me duele que las generaciones posteriores hayan dado la espalda a sus ríos. Para ellos sólo existe el mar, el enorme mar, y sus costas. El río para mí va unido a la vida, y a mi vida. Los tiempos cambian, alguno me dirá, y no hay vuelta atrás. Quizá por este motivo haya tan pocos castellanos preocupados por la agonía y muerte de sus ríos, baste el trasvase del Tajo como ejemplo.

Nosotros no nos resignamos. Un puñado de personas. Algunos nos comprometimos a orillas del Ucero y del Júcar a luchar por nuestra tierra, nuestros campos, montes…y ríos.


sábado, 29 de junio de 2013

Nos echaron de nuestros pueblos, nos quitaron nuestro paisaje


“Esta es Castilla, que faze a los homes e los gasta” (Alfonso Fernández Coronel)

Ayer, me senté con mi tio al sol. Es un viejo maderero, de los que iban con el hacho y la merienda a hacer leña y madera. Comentamos la ola de incendios. “Me pareció ver el otro día en la televisión unos ingenieros que decían que el problema es que los montes están muy sucios“, comentó. “¿Sabes qué apuntan como solución? hacer leña, limpiar el monte de maleza y que vuelvan a pastar los animales en él ”. 

Ví en su cara la queja que tantas veces hemos hecho en el mundo rural. Nos prohibieron que pastara el ganado, es decir, nos quitaron la ganadería extensiva. 

Nos prohibieron realizar las limpias del monte para que grandes empresas se lo quedaran por medio de subastas, nos quitaron una vez más el trabajo. Inventaron plantaciones de especies no autóctonas, llegaron los vallados, las podas, el ramaje en el suelo por toneladas que nadie limpia, nos quitaron nuestro paisaje. 

“Nos echaron de los pueblos por paletos, sin preguntar.“ ¿Y ahora lo que hacíamos antes es la solución?” me pregunta. Sé que ninguno de los “expertos” les va a pedir perdón ni a los pocos que quedan ni a los que arrastraron a marchar. 

(Mónica Lafuente, Duruelo de la Sierra, Soria.)

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El “paleto” no es el hombre del campo, el verdadero paleto es el “moderno” que ignora o ha contribuido a destruir lo que generaciones construyeron con su sangre y su sudor. El campesino supo vivir durante siglos en armonía con nuestro patrimonio natural. Pero los iluminados de turno que llenan su discurso con palabras como progreso o desarrollo vinieron, vencieron, y seguirán exportando sus majaderías mientras los bosques arden o los campos lloran la ausencia de sus hijos. 

El medio rural agoniza desde el s. XIX gracias a gentes como ellos, políticos, próceres y ciudadanos. 

Que los dioses de nuestros antepasados os maldigan. Yo os maldigo por lo que habéis hecho. Y por lo que no habéis hecho, prepotentes, ignorantes, necios.

jueves, 25 de abril de 2013

Un hombre sencillo


Ayer se cumplió el decimocuarto aniversario de la muerte de mi padre.  Seguramente no pasará a los libros de Historia, no se erigirán estatuas en su honor, no se concederá su nombre a ningún premio literario o científico.

Sólo era un hombre sencillo. Integrante de una generación sufrida, que sobrevivió a una guerra civil y al hambre de la posguerra. Al abandono de los campos y el abuso de los poderosos. A una transición y una sociedad injustas que dejaron fuera del mercado laboral  a millones de españoles en un momento difícil de nuestra Historia (como ahora: el eterno retorno del capitalismo salvaje).

Mi padre no hablaba idiomas, ni tenía estudios, ni mas título que el amor de los suyos y la conciencia tranquila. Poseía esa clase de sabiduría popular , hija del agro castellano y de la urbe matritense.

Cometió errores, como todos. Pero fue más lo que nos legó: valores como el amor a los suyos, a la naturaleza, a la música, a la tierra.

Mi padre fue, como dijo el poeta, “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Un hombre feliz con una bota de vino, un poco de pan y queso, y una caña de pescar. Y su buen humor. Eso vale más que palacios y coches caros.

Y eso los usureros y mercaderes miserables que rigen nuestras vidas nunca lo entenderán.
14 años sin un hombre sencillo. Pero más grande que reyes, intelectuales o banqueros.

domingo, 28 de octubre de 2012

A orillas del Ucero

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Cae la tarde a orillas del río Ucero. No muy lejos de donde este recibe la pleitesía de su afluente Abión, el otoño tiene una belleza antigua y atemporal. Limpias aguas trucheras de este humilde afluente del padre Duero. El viento canta una ancestral canción entre las hojas de los chopos que amarillean y las aguas siguen su camino de siglos, indiferentes a cambios dinásticos  y mudanzas de todo tipo. Las piedras del castillo roquero miran indiferentes a los buitres que sobrevuelan estos cielos limpios de la Uxama legendaria. Uxama Argaela de los arévacos, aquellos guerreros que no preguntaban cuántos eran el enemigo, sino dónde se encontraban.

Un puñado de mujeres y hombres a orillas del Ucero. Alrededor de una mesa redonda, círculo de piedra ancestral. Cae la tarde, y una jornada intensa se acerca a su fin. Una jornada de sabinares, pueblos de adobe y caliza, jornada de reencuentro con la tierra de los antepasados. Un puñado de personas reunidas en concilio laico y patriótico. Alrededor del círculo ancestral, leyendo un manifiesto cual invocación a la lucha  por una tierra que agoniza.

Nuestra tierra no ha muerto, sino que duerme. A orillas del Ucero supimos que no habría vuelta atrás, que nuestros antepasados nos contemplaban desde los cielos limpios de Castilla. Y por los  viejos dioses de la Celtiberia no nos vamos a rendir.

lunes, 30 de enero de 2012

30 de enero. In memoriam


Tal día como ayer de hace 92 años nacía Vicente Hernández Blanco en Guadalajara, España.

Aunque su nacimiento en la capital arriacense fue algo accidental, pues toda su familia era de el Burgo de Osma (Soria), donde creció con sus hermanos y madre, pues quedó huérfano de padre a temprana edad.

Así comienza la biografía de un hombre del pueblo, de un castellano, de un español, y sobre todo de un hombre bueno. Nunca tuvo dinero, ni coches de lujo, ni conoció más fama que la que tenía entre sus muchos amigos. Trabajó toda su vida a cambio de un jornal, y fue honrado, y eso es mucho más de lo que se puede decir de muchos famosos, ricos y triunfadores .

Desde bien joven tocó el trombón de varas en la banda municipal de el Burgo de Osma (la música, junto con la pesca fluvial y la naturaleza en general fueron sus grandes pasiones).

Después, la guerra, la terrible Guerra (in)civil . La Quinta del biberón, les llamaban. En el Burgo conocería a una madrileña a la que el estallido de las hostilidades sorprendió en un bando, mientras sus padres estaban en otro. Esa madrileña, Katiusha la llamaban, de nombre Consuelo, no volvería a ver a su padre.

Tras la guerra, la dura posguerra, el hambre y el venir a Madrid a ganarse el jornal.

Después, los hijos.

Hijos a los que inculcó el amor a la música y a la naturaleza, el amor a los ríos y los embalses de la Castilla central. Las excursiones con la peña Argüelles, para pescar en Buendía, Entrepeñas… Años de trigales y ovejas, pueblos de adobe. Cangrejos de río españoles antes de su extinción. Pesca y suelta. Lucios, barbos, black-bass (el blasblás que decían), carpas,…

Manantiales de limpias aguas con berros y menta no muy lejos de Madrid.

Y los ríos: Manzares, Jarama, Tajo, Eresma, Duero, Ucero… y el Henares, el Henares de sus años de senectud.

Fontanar, Yunquera, y finalmente Espinosa de Henares, donde pasó los difíciles años del paro y la crisis (como si se hubiesen inventado ahora). Fines de semana, semanas santas, veranos, partidas de cartas con los grillos de fondo, “alertas OVNI” de Antonio José Alés en la radio, vigilando los cielos. Vespino azul y azadilla.

Mucho se podría escribir de una persona que supo vivir con lo que la vida le dio. Y disfrutar de las cosas sencillas. “Con pan, queso y vino, se anda el camino”. Pero ya me ha costado escribir estas líneas. Hoy no estoy muy expresivo, ciertamente. No te olvido, papá.

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