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domingo, 28 de abril de 2024

Viaje por el país de los líquenes azules

 

Jornada en Los Pueblos Negros, 13 abril 2024.

Viaje al “país de los líquenes azules”


Publicado en la Web de la Asociación Socio-Cultural Castilla 

https://www.asc-castilla.org/eventos/jornada-en-los-pueblos-negros-13-abril-2024/

 

El pasado 13 de abril un grupo de socios de nuestra Asociación dimos la bienvenida a la primavera castellana con una visita a los llamados “pueblos negros” de la provincia de Guadalajara.

Como ya sabréis muchos de vosotros, esa denominación popular viene dada por el uso de la pizarra como material de construcción . Tejados y muros de pizarra dan pues su aspecto y nombre. a estos pintorescos pueblos.

Comenzamos la jornada paseando por las calles de Campillo de Ranas, uno de esos pueblos en los que la arquitectura popular parece fundirse con el paisaje.

 

Las dos constantes que marcarían nuestra jornada serían esas: paisaje y arquitectura.

Ahora que tanto se habla de sostenibilidad y de agradecimientos del “planeta” deberíamos volver nuestros ojos, como en tantas otras cosas, a nuestros antepasados y a una manera de vivir integrada en el medio y respetuosa en sus usos y costumbres.

Tras el paseo por el pueblo y la foto de familia alrededor de un roble centenario ( tan simbólico ) degustamos aperitivo y comida. Cervezas, risas, torreznos, carrilleras… no muy lejos de la imponente silueta del pico Ocejón y resto de la sierra de Ayllón.

La comida y sobremesa supusieron el reencuentro de personas , que en algún caso hacía mucho que no nos veíamos, procedentes del norte y sur de Castilla. Chistes , anécdotas y proyectos de futuro se vieron acompañados por la alegría y los inocentes juegos de las generaciones más jóvenes, castellanistas en proyecto.

Tras la comida una parte de los excursionistas partimos hacia Majaelrayo, otro pueblo que a las virtudes de Campillo une el discurrir del agua de un arroyo, unas pequeñas cascadas abriéndose camino sobre suelo de lajas de pizarra. Lugar bucólico donde los haya, en el que solo los vehículos con motor de combustión interna y alguna que otra antena parabólica nos hacía percatarnos de hallarnos en el siglo XXI. Bueno, eso y alguna que otra casa de ladrillo o piedra disonantes con la arquitectura local (pocas afortunadamente).

En Majaelrayo tuvimos ocasión de departir con viajeros de otras partes de Castilla, como Ávila, y compartir nuestras preocupaciones y esperanzas sobre nuestras sufridas tierras.

El colofón fue en la terraza del bar local, gestionado por unas simpáticas personas que también se interesaron por nuestras actividades e inquietudes.

En resumen: una jornada memorable al sol primaveral, entre las centenarias construcciones de pizarra y en un marco natural de belleza singular.

No hay grandes edificaciones, lugares emblemáticos o batallas que rememorar en esta zona. Solo la grandiosidad de una naturaleza bastante similar a la que conocieron nuestros abuelos y unos pueblos que mantienen su esencia.

Queremos terminar esta “crónica”  con una bellísima canción-poema del cantautor arriacense José Antonio Alonso, el Amancio Prada de Guadalajara, que resume de una manera intensamente lírica sentimientos tan enraizados con el abandono de nuestros pueblos , esa Castilla vaciada de nuestros antepasados que parece no importarle a nadie, ni siquiera a los propios castellanos.

“ Cuando vayas a las tierras del norte, al país de los líquenes azules,

Llévate mi viejo corazón / y pósalo en las ventanas del aire

Cuando entres en la tierra sagrada

en la tierra que labraron los abuelos

deja estas flores en la tumba de padre

y dile que tenemos fresco su recuerdo…

Cuando pases por las calles silentes/ y te encuentres a la gente del pueblo

Diles que añoro sus manos y sus rostros

Diles que pronto volveré con ellos.

Cuando llegues al país de la ternura/ y la infancia te llame desde dentro

recuerda el uso de las viejas palabras / del entrañable lenguaje de los gestos.

Cuando llegues al país de la pizarra / y los robles saluden tu regreso

no tengas miedo, la tierra está contigo / todo lo que hay es aliado nuestro

Si agradeciendo acabas la jornada / y regresas de la tierra del silencio

Córtame lirios, cantuesos y retamas / no tardes mucho, esperaré despierto.

Cuando vayas a las tierras del norte, al país de los líquenes azules,

Llévate mi viejo corazón y pósalo en las ventanas del agua.

Cuando vayas a la tierra sagrada, a la tierra devorada por el fuego,

replanta pinos, robles y sabinas

recuerda el nombre de los que se fueron “

(José Antonio Alonso )

martes, 7 de diciembre de 2021

La muerte es una cosa seria

 

"...Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas…; ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento, sin que se sepa adónde…” ( Gustavo Adolfo Becquer )




Poco escribo en esta bitácora en los últimos tiempos. Lo siento, las ideas brotan exaltadas e inesperadas , pero el hecho de trabajar a diario muchas horas con un teclado quizá sea el motivo. Ídem a hablar por teléfono.



Sea como fuere, esta entrada estaba prevista para el mes pasado, el mes de difuntos. Quería yo escribir sobre la torva sombra en la Noche de Ánimas pero las circunstancias y el desánimo postergaron estas líneas. 



No deja de ser una luctuosa coincidencia que la anterior entrada y esta tengan en común el lamento fúnebre, sean Kaddish, Obituario, Esquela y Homenaje. Esta entrada iba a ser un alegato contra la vulgarización de una noche tan importante como la de Difuntos. Pero heme aquí, como siempre a destiempo , como mi vida misma de caminante hacia el ocaso.



Estoy aquí en esta noche de Vigilia, una noche que tendría que estar dedicada a Nuestra Señora (en mi recuerdo aquellas noches de los 80 y 90 del siglo pasado, cánticos de alabanza, Ave Maria y chocolate caliente al calor de una estufa catalítica) Por supuesto que a Nuestra Señora siempre cantaré, sobre todo esta noche.



Pero creo que a ella no le importará, Madre Amantísima, que recuerde desde este medio a esos sus hijos que abandonaron este valle de lágrimas.



Hijos como  Ramón, bella alma en cuerpo anciano, que nos dejó hace unos días . En mi recuerdo le llevo esta noche.



La muerte nos sobrevuela, cual buitre leonado, nos vigila con constancia y nos acaba encontrando, en Samarra , Covarrubias o Carabanchel. Año tras año.



Y un año más, nos vemos invadidos por calabazas, monstruos y disfraces siniestros. Y a pesar de que el Jalogüin hunda sus raíces en profundas tierras de tradiciones célticas, sus ramas nos dan un fruto cada vez más putrefacto. Como la misma sociedad que lo alienta y alimenta. 



Qué ha pasado con este pueblo....



Mi amigo Paco Poza defendía que el Halloween era una nueva tradición, y que no había tradición más española que el querer divertirse y el buscar cualquier excusa para la fiesta. Admitimos pulpo como animal de compañía. Pero por qué precisamente esta noche. Recuerdo los primeros “Halloween” “ a la americana” , en Malasaña y el trasmundo madrileño. Como el Rocanrol o como las hamburguesas, vino importado de los EEUU. Y en los 90 para los jóvenes como el que esto escribe resultó ser un ejercicio más de imitación de lo Cool y alternativo frente a unas costumbres y tradiciones a las que dábamos la espalda por carpetovetónicas y pasadas de moda. Lo in, lo fetén, era disfrazarse de vampiro y colgar telas de araña en garitos legendarios como el Malandro o el templo del Gato.



No voy a ser yo quien condene las ganas de fiesta y de disfrazarse de este pueblo. Sólo quiero pedir respeto para las noches más sagradas. Al igual que la noche de difuntos, un año más nos acercamos a unas fiestas navideñas cada vez más desprovistas de contenido. Del cumpleaños de Jesús hemos pasado a la ridiculización de san Nicolás derivado en un gordo vestido del color corporativo de una marca de refrescos . Del Belén y el aguinaldo, a unos gorros con cuernos de reno tan ajenos a nuestra cultura como el beisbol o los Drive-In. No deja de ser paradójico que buena parte de esa colonización cultural sea aplaudida y fomentada por muchos españoles de pulsera rojigualda y con España constantemente en la boca. Patriotas de baratillo que luego martillean los clavos del sepulcro de don Juan Tenorio con tantas ganas o más que los progres “ciudadanos del mundo “.



Nuevas tradiciones, nuevas costumbres. Pero este Halloween del truco o trato o   estas Navidades del Santa y el Grinch son solo la punta del iceberg. Un iceberg de renuncia. Hemos renunciado a nuestra identidad, hemos vendido la casa de nuestros padres. Hemos dejado que mayo del 68 triunfase , pero no como una revolución obrera, sino como el rodillo del liberalismo cultural y la progredumbre, instrumentos útiles al servicio de la plutocracia que domina el planeta.



El hombre moderno es el hombre-masa de Ortega, sí. Pero es un nuevo esclavo en un mundo feliz Huxleyano, un esclavo que ignora que lo es. Habitante de una megalópolis, ajeno a quienes fuimos e indiferente a sus propias raíces. Y quien pierde sus raíces, pierde su identidad. Y quien pierde su identidad está más cerca de ser el borrego ideal del rebaño postmoderno. Pero un rebaño con mascarilla, por supuesto.




lunes, 28 de diciembre de 2020

Inocentes



28 de diciembre, un año más. Una fecha que desde mi infancia y juventud siempre fue muy especial. El 22, el Gordo y los cánticos de los niños de San Ildefonso marcaban el comienzo de las navidades. Nochebuena era una noche única, una noche de Amor y celebración pero también de recogimiento y según fueron pasando los años, más asociada a sentimientos de nostalgia y melancolía. Los cumpleaños de mis hermanos o la Vigilia de la Inmaculada eran hitos, Nochevieja era la noche de ilusión y gozo juvenil mientras que la Noche de Reyes era la mágica noche de ilusiones infantiles. Todas, fechas marcadas por esa mezcla agridulce de felicidad y nostalgia o de excitantes esperanzas y ganas de diversión en el caso de la Nochevieja y la Noche de Reyes “adolescente-joven”.


Pero el 28, el 28 siempre fue diversión, broma, una forma de aliviar o curar la tragedia de la vida desde el humor. Ese humor tan presente en mi familia. Mi padre, que siempre gastaba la misma broma, con esa falsa caca de perro que ponía en el portal y que siempre hacía picar a la portera. Mi padre que alguna vez también fue víctima (petardo en cigarrillo y pum) o mi cuñado Luismari, citándome para un importante recado en Ferraz esquina Marqués de Urquijo en una inhóspita tarde de viento y gélida lluvia. Aquel invierno de los 80 o los 90, ya no recuerdo bien, en el que la broma telefónica fue entre mis amigos Joaquín, Paco y yo, sin saberse al final quién mentía a quién.


Durante décadas en este sufrido país se gastaron bromas en un día como hoy. Inocentadas en las noticias, bromas entre amigos y familiares, muñequitos blancos de papel en las espaldas.


Tradiciones, costumbres, bromas que, como casi todo lo relacionado con la Navidad o con la Tradición, han ido cayendo en desuso y olvido mientras “importábamos” Jalogüines, Papanoeles y al paso que vamos hasta el día de Acción de Gracias. ¿El signo de los tiempos? ¿la globalización? En parte sí. Pero sobre la perfecta conjunción entre la endofobia y cosmopaletismo de muchos nativos y la llegada masiva de foráneos ajenos a estas tradiciones y costumbres.


Entre unos y otros nuestras Navidades cada vez se parecen menos a las que conocí en el siglo XX y buena parte del XXI. Entre unos y otros se ha cargado una fecha como la de hoy.


Y volvemos a una de las ideas de antes. El humor como medicina frente al drama de la vida. El humor que reivindicaba su primacía en un día en el que lo que el calendario litúrgico conmemora la matanza de inocentes.


Estamos terminando un año que ya en sí parece una enorme inocentada. Si hace tan solo un año un viajero del futuro nos hubiese contado que habría una pandemia mundial surgida en un mercado de China cercano a un centro de investigaciones virológicas, oh casualidad, que si un pangolín, que si un murciélago, que si pitos que si flautas, que íbamos a sufrir toques de queda, suspensión de derechos y libertades básicas en nombre de la salud y la seguridad públicas, que todo el mundo iría obligatoriamente en la calle con mascarilla… muchos hubiésemos pensado que se trataría de un guión de Hollywood o una nueva novela distópica.


Pero no. El futuro ya está aquí. El poder mundial no se oculta, pa qué, incluso en la terminología (esa “nueva normalidad” que tanto recuerda al Nuevo Orden soñado por las élites). Este año la inocentada concluye con una nueva matanza de inocentes, ancianos, jóvenes y de mediana edad. Con miles de familias segadas por la Parca o empobrecidas por el paro y la crisis. Todo ello sumado a la matanza de inocentes que no cesa, tanto en el mundo en vías de desarrollo como en este mundo supuestamente avanzado y progresista. La muerte que se empeñaron en ocultar durante los meses de mayor virulencia de la pandemia. La misma muerte consentida, apoyada y justificada contra los que no han llegado a nacer. La muerte que ahora se busca justificar y consentir para los que están en el ocaso de sus días. La muerte por diversion de otras criaturas bajo el pretexto de la tradición o la cultura. Cultura de la muerte en una Sociedad hipócrita y/o ignorante.


28 de diciembre un año más. 28 de diciembre y la broma, la inocentada es vivir.

martes, 14 de febrero de 2017

LA ESPADA DEL SAMURAI (´When Tradition meets the Future)







“-Teniente Algren, postrado ante el Emperador,mientras le ofrece una katana: 
ésta es la espada de Katsumoto. Él hubiera querido que estuviera en vuestro poder ;él deseó con su último aliento que recordárais a los antepasados que la blandieron y por qué murieron (…)
-Emperador: He soñado con unificar Japón, una nación fuerte, independiente y moderna. Ahora tenemos ferrocarriles, cañones y ropas occidentales. PERO NO PODEMOS OLVIDAR QUIÉNES SOMOS NI DE DÓNDE VENIMOS “ 
(El último Samurai, 2003)



No hace mucho ha podido verse una campaña publicitaria del turismo japonés: “Japan, where tradition meets the future” (Japón: donde la Tradición se encuentra con el futuro”) Alguna vez, hablando de identidades nacionales y regionalismos, he manifestado mi sana envidia por cómo viven este asunto los británicos. Con Japón ya no es sólo envidia sino respeto profundo, admiración, casi reverencia.  

Siempre he disentido de un viejo amigo que afirma que Japón ha perdido toda su esencia y se ha vendido a Occidente. Sí, puede que Tokio sea un monstruoso hormiguero humano, puede que imiten todas nuestras modas, jueguen a béisbol o emulen a Elvis. Puede que sean adictos a la tecnología, que nos copien con exceso y distorsión, como ocurre con el Manga. Pero tras esa apariencia frívola, no pocas veces grotesca, aún subsiste buena parte del espiritu nipón

De vez en cuando me pregunto ¿qué queda de la España que conocí de niño y joven? No sólo la de los viejos bares (serrín, frasca y zinc), ni las lecherías y tiendas de ultramarinos. No sólo la de esos kioskos regentados por un señor similar al "Cervan" de Cuéntame , que vendían el Jabato, chuches o sobres de cromos. O esas tiendas de cambio de cromos, comics Marvel y tebeos patrios, entrañable Gordillo de la calle Blasco de Garay.

Me refiero a la de ese español sufrido, noble y austero. Ese madrileño llegado de los pueblos de las dos Castillas , Extremadura o Andalucía, esos serenos gallegos y taberneros asturianos. Generosos, sencillos, honrados con otras tantas virtudes hoy consideradas demodé. 

Aquí sí que nos hemos pervertido, entregado con armas y bagaje al mundo moderno del peor tipo. No el de la tecnología y los juegos absurdos, como en el país del sol naciente. Aquí hemos querido hacer tabula rasa con todo nuestro pasado, con todo aquello que nos huele a “antiguo”, a viejo, a pasado de moda. Más renegados y endófobos que nadie, a años luz de ningún japonés, que no dejaría morir su Patrimonio cultural y natural (Patrimonio, bonita palabra, con la misma raíz que Patria: Patrimonio, del latín patrimonium ‘bienes heredados de los padres”. Será por eso que no está bien visto defenderlo, no vaya a ser que nos acusen de heteropatriarcales.)

En el s XIX fueron derrotados los últimos samurais del Japón. Con ellos murió el Japon tradicional. Así y todo, aún se les reverencia y su código de honor permanece como referencia del Japón eterno. En la España del XIX los carlistas fueron quizá nuestros últimos samurais. Tal vez errados, pero fieles a unos Fueros, a unas Españas seculares, a un orden espiritual herencia de los ancestros. Esos viejos carlistas. derrotados “por traidores y criminales ” liberales que en nombre de una supuesta modernidad comenzaron una labor  de destrucción de la España interior en lo geográfico e interior en lo moral. Una destrucción material, sí, pero sobre todo espiritual. Una labor que están rematando en este siglo XXI tanto liberales de derechas como progres de izquierdas.

Ya no me importa a estas alturas del partido que se me llame reaccionario. Parafraseando a don José de la Riva Agüero, no soy conservador, sino reaccionario; porque hay poco que conservar, y mucho ante lo que reaccionar” (1) 




En resumen, que sí, que envidio a los japoneses. A pesar de su culto por la modernidad más excesiva. Quizá porque bajo varios estratos de tierra está enterrada la espada del samurai. Envidiable  asumir los contrastes,  el tren bala y el Aikido, los robots y el Bushido, el Doraemon y el Honor, el Sumo y el culto a la empresa. 
Una potencia tecnológica y económica que respeta y cuida su legado. El Japón del Shinto, la lírica del cerezo en flor y el respeto a los mayores. Qué paletos y pueblerinos son, sí. Y así y todo sólo tienen un insignificante 5% de paro.

Aquí no nos importa nuestra herencia inmaterial, aquí somos más papistas que el Papa y más multiculturales que un "newyorker" ; somos los más materialistas, los mayores defensores de una postmodernidad inhumana y vulgar. En España, pero sobre todo en Madrid, todo lo que suene a Tradición, legado o Historia produce alergia, o peor aún, arcadas, Aquí no sólo hemos puesto  siete llaves al sepulcro del Cid, sino que fundimos la Tizona para hacer las cuicas (tambores) de las batucadas. “Corruptio optimi, pessima” eso es España, que desde el siglo XIX, como muestra un botón, ha iniciado un proceso de reducción de la vasta herencia antropológica y folclórica de las Españas a cuatro lugares comunes de sol, Flamenco ,playa y orgullo deportivo.

Hicieron falta dos bombas atómicas para doblegar al orgulloso y disciplinado pueblo japonés, irreductible y dispuesto a la muerte antes que a la rendición. Mishima se quitó de en medio por mucho menos de lo que sufrimos en este occidente y en esta Expaña de tapas y sol. Pero claro está, yo no soy Mishima. Ni yo ni nadie de esta piel de toro. 


Respeta a los ancianos. Nunca temas.Vive con honor.
(Código Samurai) 

 (1) Luis Alberto Sánchez había calificado a Riva Agüero como un claro exponente de lo que en Perú representaba ser un «conservador»; a lo cual el Marqués de Montealegre  respondía, entre un tono medio airado y medio amistoso, de forma tajante: «Yo no soy conservador...sino reaccionario». Para él no había nada que conservar en el Perú, se debía reaccionar y volver a los ideales y tareas del siglo XVIII (de “Apuntes para un estudio de la influencia de Maurras en Hispano América”, por José Díaz Nieva) 

….Por eso la modernidad ha sido la prostitución del individuo, el imperio de las modas, de la vulgarización estética; el reino de lo uniforme, la mediocridad, la falta de gusto, el cinismo de la derecha y las mentiras de la izquierda, las boberías, el alcohol, la prostitución y la Coca-cola; la inanidad de la ciencia que no educa, pues no enseña sobre el objeto, sino sobre la manera de usarlo, es decir, no dice cómo se debe vivir, como decía Weber, sino cómo se debe emplear; es la tiranía de la estadística que convierte todo en cifra.” (Damián Pachón, en su ensayo sobre Nicolás Gómez Dávila, “la irreverencia de la inteligencia”

“La democracia no es más que el procedimiento mediante el cual la mayoría esclaviza legalmente a las minorías, es una blasfemia y es el "sistema para el cual lo justo y lo injusto, lo racional y lo absurdo, lo humano y lo bestial, se determinan no por la naturaleza de las cosas sino por un proceso electoral" (7). Y ha sido una blasfemia, entre otras cosas, porque en política "patrocinar al pobre ha sido siempre [...] el más seguro medio de enriquecerse". Ese mundo moderno, democrático, resultó de la confluencia de tres series causales: "la expansión demográfica, la propaganda democrática, la revolución industrial", tal como lo había dicho en 1930 Ortega y Gasset en La rebelión de las masas. (Damián Pachón, ibídem)





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