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sábado, 15 de abril de 2023

La cuarta: república chemtrail

Empecé a escribir esto el 14 de abril. Ahí es ná. Los nostálgicos de algo que nunca conocieron conmemoran el comienzo de una etapa histórica que , como indica Óscar Cerezal (1) fue “ejemplo de una esperanza que los españoles convertimos en fracaso” Tal cual. 

A mi me da igual la forma de gobierno de esta cosa que durante siglos dimos en llamar España. Sea República, Monarquía, triunvirato o califato independiente.Ingenuos: creen que algo va a cambiar por añadir una franja de color a la bandera (2) . Cambiar un fantoche por otro, una casta parásita por otra, unas clases privilegiadas por el polit buró de un  partido , la aristocracia por la burguesía. Todos, todos todos al servicio de los usureros y los que de verdad mandan. A Parla . Me la trae al pairo, me la pela, me da igual. Los que de verdad deciden seguirán marcando la hoja de ruta desde sus conciliábulos , no votados ni elegidos por los pueblos . 

Y en todo caso, sea cual sea la forma jurídica del Estado , los parias seguiremos  siendo los mismos, los impuestos seguirán destinados a lo que ellos dicten y los habitantes de Matrix asentirán, convencidos e “informados” de lo que es importante o problemático por SUS medios de “comunicación” y las diversas agencias de su ministerio de la Verdad . Y sea cual sea la organización del Estado seguirá habiendo varias Españas, las privilegiadas y la España vaciada, las megalópolis y la costa floreciente frente a una Castilla y un interior que no le importan a nadie. Y sin Castilla este Estado seguirá siendo una pantomima de la Nación que fue.  

 Da igual, en todo caso. Vanitas Vanitatis o vanitas vanitatum , vanidad de vanidades y todo vanidad

Por otra parte, ya nada será igual Los que creen que volviendo a 1931 todo se solucionará viven en una ilusión bien alimentada por intereses ajenos a España, a Europa y a la Humanidad entera. Los cuatro jinetes del Apocalipsis del siglo XXI se están ganando bien el sueldo. Tras la Peste (el Covid) (3)  y la Guerra (de Ucrania, como si fuese la única ) la muerte gana adeptos bajo las formas más diversas . La agenda satánica avanza inexorable ante la indiferencia, ignorancia o apoyo del Común.

El miedo , tal como se nos avisaba en las novelas distópicas, se ha convertido en el mejor instrumento de los Amos. El miedo y la división.  División en forma de dicotomías que llevan funcionando a la perfección desde que Hegel formulase su dialéctica. Tesis/antítesis, izquierda/derecha, patronos/obreros , hombres/mujeres , blancos/negros, arios/judios, homos/heteros. Y mientras los verdaderos opresores nos enfrentan a todos contra todos la pesca es abundante en el río revuelto . 

Y el miedo que toca ahora según el programa de festejos es el del  cambio climático.  Está claro que no es normal lo que sucede en nuestros cielos y bajo ellos.  La pertinaz sequía no es algo nuevo. Pero sí lo es este primaveroño eterno ; da igual que sea octubre, febrero o abril. 

Ese cielo velazqueño , ese cielo de Madrid que fue la envidia del mundo es solo un recuerdo del siglo XX. Ese cielo ya no existe. Basta mirar hacia arriba y esa suciedad en forma de supuestos estratos , telarañas de ceniza . Ya no hay nubes como las de nuestra juventud. Y cuando las hay, desaparecen. Qué curioso. Cada vez que anuncian frente lluvioso desaparece. Curiosa coincidencia que cada vez que aparecen nubes o se prevén lluvias se vean los cielos surcados por esas estelas. Y a partir de ahí, “sol y buen tiempo”.Todo a mayor gloria de su cambio climático, que hay que imponer sí o sí. 

Como diría el gallego: “ eu non creo en los Chemtrails, pero haberlos, haylos “ ¿Chemtarils o estelas? Puede que todo sea una teoría conspiranoica (4) , puede que sea verdad lo que dicen mis amigos expertos en fenómenos meteorológicos y en aviación: Puede que los  chemtrails sean lo que nos dicen: nada  más que estelas de condensación producidas por la interacción de los gases que expulsan los aviones con los de la atmósfera. Ahora bien, si llevan décadas mintiéndonos (5)  , ¿por qué tendríamos que creer la versión oficial y “científica”? Lo único que sé es que en los cielos no se ve una nube , surcados por estelas, chemtrails , comtrails ,suputamadretrails o lo que sean, 

A todo esto, el rebaño humano está encantado. Buen tiempo, lo llaman.My bien, compatriotos:  Si queréis sol perpetuo por qué no os vais  todos, todas y todes a vivir al Sáhara o a Abu Dabi

El problema de España es que aquí no tenemos petróleo. Y que sin agua no hay vida. No hay nieve en nuestras cumbres, no llueve. En fin, que los campos se secarán , llegarán el hambre y la sed. Pero no importa mientras tengamos Netflix y twitter . Comeremos grillos, beberemos nuestros orines y bailaremos haciendo el pino si nos lo pide la televisión y nuestros políticos, que solo quieren nuestro bien. 



(1) Oscar Cerezal, ex alcalde de Manzanares el Real (Madrid) y diputado en la Asamblea de Madrid por el PSOE además de castellanista.

(2) franja morada cuyo origen desconocen el 99% de los que se dicen republicanos , franja morada que se puso por la Madre Castilla, cuya división les importa un bledo a republicanos y monárquicos, esa misma Castilla por cuya defensa se ríen , mofan y burlan de los castelllanistas esos mismos republicanos españolistas que enarbolan la tricolor hasta en el retrete. Créditos de la Imagen inferior; Juan "Zapata de Castilla" 

(3) que en realidad inoculó el peor virus de todos , el miedo y el control absoulto de las mentes y voluntades por parte de los poderes púbicos en nombre de “nuestro bien”

(4) entre col y col. Los que manejan el cotarro ya no se ocultan , solo que los árboles no nos dejan ver el bosque. La sobreinformación mezclada con los bulos, las sandeces de los terraplanistas y de los que creen en reptilianos se mezclan con verdades a la vista. Vivimos en una sociedad orwellianan o más bien AldousHuxleyana , pero cada vez lo tenemos más somatizado, como esas “vakkunas” experimentales que muchos nos pusimos creyendo que era “por nuestrop bein”

(5) o más bien ocultándonos. Como ya está ampliamente documentado. Y no solo desde los regímenes totalitarios. Basta investigar los “experimentos” realizados con población civil en EEUU y países europeos desde 1945


martes, 7 de febrero de 2023

la Primera. De el pequeño comercio, el tiempo y las personas "normales"




Un día eres joven y al poco tiempo te sorprendes disfrutando de los catálogos de muebles de una tienda de barrio. El tiempo pasa y los objetos, muebles e inmuebles, sufren el paso del mismo y el desgaste y encima cuando en una casa conviven primates y felinos, tan amigos de dejar su huella en forma de zarpa por doquier. 


El caso es que ayer estuvimos encargando unas sillas y una mesa para el salón-comedor, ya que las que tenemos desde principios de siglo están casi para el arrastre (las sillas, la mesa aún puede tener una segunda vida, pero es demasiado grande para un salón multi-función en el que se teletrabaja).


O sea: estuvimos en una tienda de barrio, especializada en muebles del hogar. Cuando el que esto escribe era más joven, lo normal era comprar las frutas y verduras en la frutería, el material eléctrico y para los arreglos caseros en la ferretería, las bobinas de hilo y material de costura en la mercería, o los libros y el material escolar en la papelería-librería.


¿Que a qué viene todo esto? Bien, volvamos a la tarde de ayer. A esa tienda de barrio de toda la vida, especializada en muebles de calidad y una esmerada atención al cliente. Como era TRESAS, la tienda en la que mi hermana la primogénita dejó su vida, o como era Páez, la librería por excelencia. O tantos y tantos comercios desaparecidos.


Lo normal en estos tiempos que corren es que el trabajador promedio, con poco tiempo y menos ganas, encargue sus compras y servicios por internet o en grandes comercios. No voy a ser yo quien me oponga, como trabajador que soy de un servicio on-line y de un gran almacén. Pero hay artículos que, sinceramente, prefiero adquirir en los cada vez menos numerosos pequeños comercios. Sobre todo cuando son compras que uno quiere que duren años. La atención personalizada, el servicio postventa, el trato tan familiar a veces, las sabias recomendaciones…. no las vas a encontrar en la famosa tienda sueca de maquetas de muebles escala 1/1. Y así con todo. En la tienda de ayer, negocio familiar y “de toda la vida”, no tenían prisa. Nos asesoraron, informaron de los pros y los contras de cada producto, de la idoneidad de este o el otro para tal o cual espacio. Sí, posiblemente sea un poco más caro, e incluso molesto, el tener que mover el trasero del asiento y acudir al comercio de barrio.


Lo normal ahora es pagar a un multimillonario “amazónico” para que pueda pagar su turismo espacial. Lo normal. Pero yo prefiero ayudar a que unos autónomos, sufridos autónomos, columna vertebral de este país, puedan seguir sobreviviendo.


Lo normal ahora es ahorrarse unos euros comprando en tiendas de ciudadanos orientales (dicho sea sin ápice de racismo o xenofobia, líbreme Dios) para contribuir al hundimiento de nuestro vecino “de toda la vida “. Lo normal para muchos es ni siquiera pasar por la caja de los grandes centros comerciales sino acudir al autopago. Lo normal. Lo normal dentro de unos años será comer larvas y artrópodos varios para que la élite pueda seguir dándose la gran vida mientras nos culpan a usted, a mí, a los ciudadanos de a pie o de a utilitario de todos los males del planeta. O del cambio grimático. 


Precisamente, hablando del clima, hoy estoy encantado con el tiempo. He sentido que se había quedado un día estupendo, qué rarito soy. Lluvia, viento, neblina. Pero querer lo natural hoy en día no es normal. Lo normal. Lo normal es que la gente considere “buen tiempo” a un sol constante, calor y sequía, sea febrero, mayo o noviembre. A salir en manga corta por el pan a principios de febrero. Pues mire usted, como que no. El otro día lo hablaba con mi viejo amigo Manuel, otro “rarito” como yo. Él también es de esos a los que nos gusta que haya estaciones, que en invierno haga frío, en otoño niebla, en primavera llueva y salga el sol y que el verano siga siendo un maldito horno infernal. Si nos gustase que todo el año fuese igual nos iríamos a vivir al Caribe o a Abu Dhabi, por poner dos ejemplos dispares. Sí, qué raros somos. Leales a esta tierra y a sus estaciones del año, esa tradición tan reaccionaria.




No divaguemos más con el clima. Volvamos al principio. A comprar pan en la panadería, huevos en el mercado y torreznos en el bar de la esquina. A apoyarnos unos a otros, el pueblo. A ponérselo un poco menos fácil a los que nos quieren esclavos con mascarilla, trabajos 24/7, con pasaporte para salir del barrio, sin casa, sin coche, siervos felices que comen algas, polvo de grillo y juegan a la Play. 


Cada día lo tengo más claro. Si hacer lo correcto es no ser normal, sea. No, no somos normales. Ni falta que nos hace. 





domingo, 27 de marzo de 2022

Profecías para la nueva subnormalidad: esclavos sin rostro


“...Pero yo solo he visto gente

Muy obediente, hasta en la cama

Gente que tan solo pide

Vivir su vida, sin más mentiras y en paz (…) “

(Libertad sin ira, Jarcha).




“...I watched as fear took the old man's gaze

Hopes of the young in troubled graves

"I see no day, " I heard him say

So grey is the face of every mortal (…)

(Prophet’s song, Queen )


...But my words, like silent raindrops fell /And echoed in the wells of silence

And the people bowed and prayed/To the neon god they made

And the sign flashed out its warning/In the words that it was forming

Then the sign said, "The words on the prophets are written on the subway walls

In tenement halls"7And whispered in the sound of silence (…) “ 

(Paul Simon, “ Sounds of Silence”).


La resistencia es futil (los Borg, Star Trek New Generation).



 

Oráculo de Carabanchel , 



en el mes de enero del año de Nuestro Señor de 2022



Y en aquellos días el impío gran hermane y sus cipayes permitieron a los esclavos descubrir sus faces al aire libre y a la infecta miasma de la polución urbana.


Mas vi que los esclavos, las esclavas e incluso les esclaves seguían “motu propio”cubriendo sus rostros al sol, al viento o a la lluvia.  Tras miles de muertes inocentes por bicho, vakunin o abandono, el gran experimento de ingeniería social alcanzó sus objetivos.


No fueron necesarias la Stasi, la Gestapo ni la Cheka. Los propios esclavos, hipnotizados por las pantallas y temerosos de la muerte o la enfermedad, se convirtieron en víctimas, verdugos, delatores, jueces y policías de las ovejas negras , los versos libres y los hombres con cara. 


Tras los aplausos de las 20 horas y las jeringas del verano del desamor, vi llegar un invierno de nueva subnormalidad y sumisión. Y vi al gran Baphomet desde las sombras dictando las consignas: Consume y Calla. Trabaja y Muere. 


Y vi cómo guiaba a sus íncubos, súcubos y grandes visires. Elles hacen les leyes, elles les interpreten. "One law for them, another law for us". Leyes vienen y van. Lex est, la vajilla Duralex. En todo caso ellos ellas y elles triunfaron. Y vi que en poco tiempo no hicieron falta más leyes que los medios de incomunicación y el miedo. Un miedo constante y renovado: a un microorganismo, a un tirano oriental o al aumento del termómetro. 


Y vi que habían ganado. Ganado ovino, porcino y sobre todo va-cu-no. 


Vencido y derrotado el rebaño ciudadano, conseguidos los penúltimos objetivos de esta guerra encubierta, vi el triunfo de los impíos desde sus hemiciclos, logias, cubículos, tabernáculos y consejos de administración.


Y vi a una minoría consciente pero atemorizada. Y a un puñado de héroes, heroínas y anfetaminas.



Igual que el buitre no come alpiste ni el gato roe aceitunas, en verdad os digo que el hombre o es libre o es un despojo zombificado, una sombra del plan divino, un autómata que mora en esta morada Zamora en la que se pasan moradas.


Y vi que quizá aún no fuese el tiempo de las profecías. Aunque ese tiempo esté cada día más cerca.


Y vi a los ángeles que exhortaban a los libres de corazón a resistir. Cerrar los ojos, encomendarse al Arquitecto Supremo, rezar por los seres queridos y pedir la espada de la fortaleza y la luz del discernimiento. 








martes, 10 de diciembre de 2019

De viento ,niebla y cumbres


El reloj de la suerte marca la profecía,
deseo angustia sangre y desamor
mi vida llena y mi alma vacía,
yo soy el público y el único actor

LAS OLAS ROMPEN EL CASTILLO DE ARENA,
LA CEREMONIA DE LA DESOLACION
SOY UN EXTRAÑO EN EL PARAISO,
SOY EL JUGUETE DE LA DESILUSION
ESTOY ARDIENDO Y SIENTO,
FRIO, FRIO
(…..) Manolo Tena: Frío. Alarma 1984


Un otoño de verdad, al fin. Tras años de sequía , de veroños, de cielos blanquecinos. Día de la Inmaculada de 2019. Salgo a la calle, a un día gris, un día nublado, un diciembre como los de antes. Como los de mi infancia, de neblina y frío. Sólo falta el olor a hollín.

Tras años de sol despiadado y estelas en el sucio cielo de la ciudad. Ha vuelto el otoño. Como aquella vigilia de la Inmaculada de 1983 , aquella mágica noche en que la niebla no dejaba ver más allá de unos pocos metros.

No se me malinterprete. Me gusta el sol ibérico como el que más: el sol suave de la primavera, ese sol exultante de vida tras la tormenta o el sol crepuscular de las apacibles tardes de verano en el valle del Henares. Incluso el sol victorioso en los campos de Castilla. En su momento, en su medida.

Cada cosa tiene su momento, un tiempo para nacer, un tiempo para morir ( Eclesiastés 3:1-15 ) un tiempo para el sol, otro para la lluvia. Siempre ha sido así en Madrid, en la meseta castellana de clima mediterráneo con matiz continental como me enseñaron en la Universidad y no continental como nos enseñaron en la E.G.B. (dioses, continental es Rusia, eso sí es frío invierno). A saber ahora cómo llamarán al clima del interior peninsular (quién sabe, multicultiurbanita bordeado de desértico rural).

Así que ha ocurrido lo que no creí que volviese a suceder: ha regresado el otoño, un otoño de verdad. Ha vuelto a casa por Adviento.

Quizá la excepción a la regla en esa teoría del calentamiento global. Tal vez la respuesta de la madre naturaleza a los designios de quienes quieren que todo cambie. Que todo cambie a peor, obviamente. Que todo suceda según sus dictados y su hoja de ruta. Pero quizá –Inshallah- sus objetivos no estén tan cercanos como creen. Tal vez vuelvan los otoños, los inviernos, las primaveras, la dignidad y las conciencias de un tiempo más auténtico, cuando aún éramos libres pero no lo sabíamos.

Tal vez los profetas del cambio climático se equivoquen. Quizá porque el clima es sólo una excusa, como han sabido ver gentes diversas ligadas al mundo natural (Frank Cuesta, Álex Lachhein... y estoy seguro que hasta el gran Félix si estuviese aquí). La Madre Tierra es una excusa y un disfraz. El ecologismo moderno, el veganismo talibán, el antitaurinismo moderno… con todo su noble y justo origen, son marionetas. Títeres de los mismos intereses globalistas que financian y fomentan el feminazismo, las 236.754 identidades sexuales o lo que a los que manejan el cotarro les interese que cope las televisiones, las aulas y las calles. Para saber quién manda en el mundo, como diría Voltaire, mira simplemente a quienes no se puede criticar. Constata la unanimidad de la opinión pública, observa como quien se mueve no sale en la foto. Cómo las ovejas negras son, somos, apartadas del rebaño.

Lo peor de todo este maniqueísmo postmoderno es que han recuperado lo que parecía superado en este país: el guerracivilismo, el “los nuestros” contra “los suyos”, las izquierdas contra las derechas, las mujeres contra los hombres (el varón, el enemigo, el culpable de todos los males; da igual que la mujer sea ministra y el varón un mecánico que a duras penas mantiene a su familia. El mecánico, español y heterosexual, es el culpable). Y en esas estamos. En la crispación de Greta Thurnberg, en el odio y la bilis arrojada por l@s manifestantes más radikales del 8-M. En el revanchismo de la izquierda postmoderna, sí, más preocupada de todas esas luchas que nos dividen que en el bienestar de los desfavorecidos. Pero también en la aquiescente pasividad de la derecha liberal, que no deja de ser el reverso de la misma moneda decadente y degenerada. Por no hablar de esa derechona de siempre, que ya no es devota de Frascuelo, sino de la selección, pero que sigue siendo indiferente a los sufrimientos del obrero (la obrera y le obrere). La pela es la pela, y lo demás, se la pela.

Y hablando del paripé ecoloqué: mientras millones de títeres bienintencionados sacan a pasear unas pancartas y consignas prefabricadas por el poder, por el verdadero poder. Por el poder que organiza esas cumbres y manifestaciones subvencionadas por las grandes empresas contaminantes que luego cargan contra el pobre Eufrasio por ir al sembrado con su cochecito diesel. Significativo que la Banca española haya salido en la foto de Greta y a manifestar su compromiso incondicional con la cumbre esa.

Mientras todo esto sucede y se movilizan las masas, SEO advierte que los vencejos están desapareciendo de nuestras ciudades. Peor aún: hasta los gorriones, los pájaros por excelencia del paisaje urbano, están, lenta e inexorablemente, desapareciendo. Y por ellos nadie se moviliza, sólo unos pocos. Como los irreductibles activistas de SEO:  https://seoactua.org/pagina/aves-de-barrio

Volverá a carcajearse el otoño. Volverá a reír la primavera (sic) “volverán las oscuras golondrinas”. Y quien sabe si las cigüeñas volverán por San Blas, tras hibernar, como siempre, en lejanas tierras.

VIDEO FRANK

domingo, 3 de marzo de 2019

Nos robaron el Invierno


Aprecias la luz del día cuando ya la noche ha caido. A un amigo cuando ha muerto, a la espada cuando la has blandido y a la cerveza cuando la has bebido” (adagio vikingo)

Nos han robado el invierno, nos han robado el otoño. Los cielos grises, el olor a carbonilla, mañanas de neblina, frío en los huesos, lluvia, vida. Las esporádicas nevadas, las tardes melancólicas, el calor del hogar.

Durante los últimos años el otoño ha sido veroño, el invierno invieroño, extraña primavera de bochorno y luz eterna. Ya ni las flores ni las cigüeñas nos abandonan, ni las miasmas de la polución. Ya no se van los pastores a la Extremadura, ya no queda la sierra triste y oscura. Todo es sol, soleados días de Navidad, caluroso febrero, implacable sol sobre la llanura castellana polvosudor y hierro; el Cid cabalga.” 


Hay quien dice que la culpa es del cambio climático, del calentamiento global, de la falta de árboles en las carreteras, de los yankis o de los coches diesel. Para otros son los “chemtrails” , esas estelas que surcan nuestros cielo (para unos mero vapor de agua, para otros un experimento de la geoingeniería buscando controlar el clima o algo mucho mas siniestro con lo que fumigan a estas cucarachas humanas). Como dice un amigo mío en el caralibro: “ De repente desapareció el frío, las nubes, la lluvia... todos los días estelas y el cielo blanquecino -grisáceo y sin nubes naturales. Malestar constante, cambios de temperatura sin sentido... Solo sé que cada otoño con estelas y cielos blanquecinos empeora mi salud respiratoria. Como aquel invierno de tos enfermiza que me provocó hasta un síncope.¿Casualidad o causalidad? Cielos de fuego, tos eterna. El otoño del 2018 volvió la niebla, volvió el frío en las orejas, volvió la infancia y adolescencia. Pero fue un espejismo. En febrero volvió el purgatorio.

Siempre me gustó la primavera. Y el invierno, y el otoño y hasta acabé reconciliándome con el insufrible verano mesetario. Pero sin invierno no se entiende la primavera. No existe bien sin mal, ni noche sin día. Si todos somos iguales no, clones, qué gracia tiene la vida. La belleza de la primavera es complementaria al silencio del invierno, a los cielos grises, brumosos, del otoño de siempre. Al calor de la manta y el sofá viendo “qué bello es vivir” una tarde/noche de invierno

Lo mejor de los días de trabajo, lo mejor de los años de estudiante era el viernes, la salida, el recreo, el reposo del guerrero. La eterna vacación es la muerte. Y de eso los que hemos sufrido el paro de larga duración sabemos.

Me gustaba vivir en un país de secos frígidos inviernos, lluviosos otoños y primaveras de exhuberantes excesos. Ese país ya no existe. Y ni a los Riveras, Sánchez, Abascales o Pablemos les importa ni les interesa.

Nos han robado la melancolía de las tardes, el gris del tiempo. Todo es soleado, todo es secano. De haber querido vivir en el desierto me habría ido a Túnez, Murcia o Almería. Donde no conocen el “bajo cero” ni el concierto de las hojas cayendo ni los campos cubiertos por el hielo. Nos han robado el otoño, nos han robado el invierno.

El nuevo orden no quiere invierno. Nada de desigualdades: todas las estaciones, una. Una estación, una religión, una afición. Lo llaman igualdad pero su igualdad es homogeneidad. Un mundo feliz y uniforme, de clones, de esclavos que nacen, son adoctrinados, consumen y mueren a mayor gloria del Capital.

Todo es cambio, nos dicen.

Pero sólo perdimos lo bueno: el baile de las estaciones, la lluvia, el frío, el rocanrol , las viejas vías del ferrocarril convencional, los obreros que pescaban en los ríos. Los cangrejos españoles, los manantiales potables, las casas bajas, las tardes con los amigos, las ovejas en los campos, los programas televisivos infantiles , los sabores verdaderos.

Lo que de niño odiaba permanece, como el fútbol, la estupidez del rebaño los cantantes prefabricados, las modas , las izquierdas y derechas de 1789, el odio entre personas, las taxonomías y los “hooligans” de siempre y otr@s nueves, los mismos demonios con otras apariencias.

Los urbanitas madrilerdos han dado la espalda al campo, al ciclo de las cosechas , de los días de lluvia y los días de implacable sol. Qué más les da esta pseudoprimavera de árboles pelados y noches frías como el alma del usurero.

Qué tiempo más bueno, más terracitas para tragar más humos tóxicos”. Qué mas da, mientras tengáis vuestro I-phone, vuestro coche y vuestro soma dominical de carrusel deportivo.

Mientras vuestros amigos y familiares mueren casualmente de cáncer y vuestras familias se carcomen con la lepra de la degeneración postmoderna. Qué más dan todas estas bobadas de cuatro carcas y conspiranoicos.

Puede que un día no haya agua para todos. Puede que un dia descubráis que vuestro Iphone no se come.


Hoy me he enterado de que este otoño nos dejó otro amigo. Para él ya no habrá baile de estaciones, ni eterna falsa primavera, ni cielos surcados de estelas. Ni para él, ni la ceniza que son mis padres, mis tíos, mi abuela, los que nos dejaron creyendo que tenía sentido su lucha porque nosotros éramos su sentido.

El pepinillo está agotado, deshidratado, secado por el fétido siroco de este cielo sin sueño. No volverá a reir la primavera. No, hijo, no. Las estaciones no ríen.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El silencio de las Cigüeñas



Puente de la Inmaculada/Constitución. Tantos y tan buenos recuerdos….de noches frías de Vigilia. De Niebla intensa, frío e incluso lluvia. De guardias en el ejército con varios pares de calcetines en las botas que no impedían que el frío calase hasta los tuétanos. Otoños e Inviernos de verdad. 

Desde hace varios años, en cambio, sufrimos unos “veroños” o “primaveraños” cada vez más antinaturales. En las fotos de mi cumpleaños se vé claramente: años 80/90, gabardinas, chaquetas, corbata. En el s. XXI, polos y mangas cortas. 

No sé si esto será el cambio climático, los chemtralls o un castigo divino. Lo que sé es que las cigüeñas ya no vuelven por san Blas. Porque no emigran. Volverán las oscuras golondrinas….se quedarán las oscuras golondrinas. Y el Tajo seguirá, más seco que la mojama, trasvasando su cada vez más mermado caudal al levante insaciable. Días de bajar a por el pan en camiseta, noches de calefacción apagada.

Y los tontos del pueblo, esos a los que Tolstoi decía que había que tener en cuenta, encantados. Como si este mono loco y urbanita pudiera desentenderse de su medio natural y de las consecuencias que todo esto traerá y ya está trayendo.

Carajo, que me picó un mosquito en Noviembre. A este paso, hasta que en Castilla no sea común contraer el Dengue o la Malaria, no pararán . Los oscuros invertebrados. Menos mal que las cigüeñas ya no se van, y no les faltará la provisión de insectos.

El día que esta corrupta civilización perezca destruida por su propia necedad, sobrevivirán las cucarachas. Y las cigüeñas de nuestros campanarios, ruinas que quedarán y testimonio mudo de nuestra insignificante existencia.

Quizá algún día, como en la película "Amanece, que no es poco", salga el sol por poniente. Porque esto cada vez es más un sindios.


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