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martes, 7 de febrero de 2023

la Primera. De el pequeño comercio, el tiempo y las personas "normales"




Un día eres joven y al poco tiempo te sorprendes disfrutando de los catálogos de muebles de una tienda de barrio. El tiempo pasa y los objetos, muebles e inmuebles, sufren el paso del mismo y el desgaste y encima cuando en una casa conviven primates y felinos, tan amigos de dejar su huella en forma de zarpa por doquier. 


El caso es que ayer estuvimos encargando unas sillas y una mesa para el salón-comedor, ya que las que tenemos desde principios de siglo están casi para el arrastre (las sillas, la mesa aún puede tener una segunda vida, pero es demasiado grande para un salón multi-función en el que se teletrabaja).


O sea: estuvimos en una tienda de barrio, especializada en muebles del hogar. Cuando el que esto escribe era más joven, lo normal era comprar las frutas y verduras en la frutería, el material eléctrico y para los arreglos caseros en la ferretería, las bobinas de hilo y material de costura en la mercería, o los libros y el material escolar en la papelería-librería.


¿Que a qué viene todo esto? Bien, volvamos a la tarde de ayer. A esa tienda de barrio de toda la vida, especializada en muebles de calidad y una esmerada atención al cliente. Como era TRESAS, la tienda en la que mi hermana la primogénita dejó su vida, o como era Páez, la librería por excelencia. O tantos y tantos comercios desaparecidos.


Lo normal en estos tiempos que corren es que el trabajador promedio, con poco tiempo y menos ganas, encargue sus compras y servicios por internet o en grandes comercios. No voy a ser yo quien me oponga, como trabajador que soy de un servicio on-line y de un gran almacén. Pero hay artículos que, sinceramente, prefiero adquirir en los cada vez menos numerosos pequeños comercios. Sobre todo cuando son compras que uno quiere que duren años. La atención personalizada, el servicio postventa, el trato tan familiar a veces, las sabias recomendaciones…. no las vas a encontrar en la famosa tienda sueca de maquetas de muebles escala 1/1. Y así con todo. En la tienda de ayer, negocio familiar y “de toda la vida”, no tenían prisa. Nos asesoraron, informaron de los pros y los contras de cada producto, de la idoneidad de este o el otro para tal o cual espacio. Sí, posiblemente sea un poco más caro, e incluso molesto, el tener que mover el trasero del asiento y acudir al comercio de barrio.


Lo normal ahora es pagar a un multimillonario “amazónico” para que pueda pagar su turismo espacial. Lo normal. Pero yo prefiero ayudar a que unos autónomos, sufridos autónomos, columna vertebral de este país, puedan seguir sobreviviendo.


Lo normal ahora es ahorrarse unos euros comprando en tiendas de ciudadanos orientales (dicho sea sin ápice de racismo o xenofobia, líbreme Dios) para contribuir al hundimiento de nuestro vecino “de toda la vida “. Lo normal para muchos es ni siquiera pasar por la caja de los grandes centros comerciales sino acudir al autopago. Lo normal. Lo normal dentro de unos años será comer larvas y artrópodos varios para que la élite pueda seguir dándose la gran vida mientras nos culpan a usted, a mí, a los ciudadanos de a pie o de a utilitario de todos los males del planeta. O del cambio grimático. 


Precisamente, hablando del clima, hoy estoy encantado con el tiempo. He sentido que se había quedado un día estupendo, qué rarito soy. Lluvia, viento, neblina. Pero querer lo natural hoy en día no es normal. Lo normal. Lo normal es que la gente considere “buen tiempo” a un sol constante, calor y sequía, sea febrero, mayo o noviembre. A salir en manga corta por el pan a principios de febrero. Pues mire usted, como que no. El otro día lo hablaba con mi viejo amigo Manuel, otro “rarito” como yo. Él también es de esos a los que nos gusta que haya estaciones, que en invierno haga frío, en otoño niebla, en primavera llueva y salga el sol y que el verano siga siendo un maldito horno infernal. Si nos gustase que todo el año fuese igual nos iríamos a vivir al Caribe o a Abu Dhabi, por poner dos ejemplos dispares. Sí, qué raros somos. Leales a esta tierra y a sus estaciones del año, esa tradición tan reaccionaria.




No divaguemos más con el clima. Volvamos al principio. A comprar pan en la panadería, huevos en el mercado y torreznos en el bar de la esquina. A apoyarnos unos a otros, el pueblo. A ponérselo un poco menos fácil a los que nos quieren esclavos con mascarilla, trabajos 24/7, con pasaporte para salir del barrio, sin casa, sin coche, siervos felices que comen algas, polvo de grillo y juegan a la Play. 


Cada día lo tengo más claro. Si hacer lo correcto es no ser normal, sea. No, no somos normales. Ni falta que nos hace. 





domingo, 17 de mayo de 2020

Crónicas del Confinamiento V : De gatos, monos, acracia y virus






«Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.»
Un mundo feliz’ (1932)




Los gatos son el epítome del anarquismo. No es de extrañar que sean el animal icónico de los libertarios y de los liber-narios, incluso los reaccio-narios como el menda lerenda. Como diría Joaquín Sabina, la principal diferencia entre perros y gatos es que nunca verás un gato policía.

Los gatos, sin duda, son ácratas. No en el sentido de Bakunin, sino quizá en el de Junger . Y sin duda en el del loco genial de Arrabal, que en la suprema lucidez del demente que vislumbra la realidad desde el caleidoscopio de una mente única afirmaba que había fundado un partido anarquista con un solo miembro, él, y que en ocasiones se expulsaba.








¡Cuántos Arrabales, cuántos librepensadores, cuántas "rara avis" pensantes necesitaríamos en este país de sectarios y hooligans, en el que el espíritu de la transición y la reconciliación se está viendo sustituido a pasos forzados por el odio, la división y el guerra-civilismo!(1)


El caso es que había venido aquí a hablar de gatos en tiempos de pandemia.

Y todo por un hecho cotidiano al que nunca había concedido la importancia que merece. Estaba yo barriendo el salón de casa cuando brevemente he tenido que cerrar la puerta, dejando a Ringo, el mayor de mis gatos, con la puerta cerrada en sus hocicos bigotudos.

A los gatos no les gustan las puertas cerradas. Pero en una escala del uno al cinco, en el que uno fuese “lo tolero“ y cinco “odio a muerte una puerta cerrada”, Ringo estaría en el número ciento cincuenta.

Y mira por dónde me he visto reflejado en mi pequeño rebelde atigrado. A los simios evolucionados tampoco nos gustan las puertas cerradas.

En ocasiones pienso que es injusto tener gatos, perros,  hurones o cobayas conviviendo con estos simios en estas modernas jaulas que llamamos pisos. Lo ideal sería una casa de campo con mucho, mucho espacio.

El debate que muchos nos planteamos en estos tiempos de pandemia entre Libertad y Seguridad o Supervivencia más bien.

Mis otros gatos, “Bisbus” Cooper y Milagros son gatos callejeros, los rescatamos de la calle, ¿O los secuestramos? Si los zoos son cárceles y los circos campos de exterminio o gulags, ¿qué son nuestros pisos? ¿jaulas de oro?

Vuelvo al párrafo penúltimo: Mila y Cooper quizá habrían sobrevivido en las calles un tiempo. Famélicos quizá. Mila habría traído a este mundo camadas de gatitos, a una vida incierta, a una probable muerte prematura. Los gatos callejeros están sometidos a todo tipo de peligros: maltrato, perros sueltos, atropellos, envenenamientos…. Todo por causa del principal enemigo de todas las criaturas y seres vivos de este planeta: el ser “humano”.

Así que les hemos salvado, les hemos dado cobijo, alimento y cuidados veterinarios, a cambio de su afecto, compañía y el estar encerrados en estas prisiones llamadas pisos.

La pandemia maldita nos ha llevado a algunos a replantearnos lo importante. Y ver desde primera línea las orejas del lobo o más bien del diablo, Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis ya están aquí. Esta agonía del mundo postmoderno puede durar meses, semanas o años. Pero como tanto les gusta decir a los representantes de los que de verdad mandan, “ya nada será como antes”.

Como gatos caseros a estos monos desnudos (2) tampoco nos gusta el estar encerrados. Hemos acatado ,a veces como HB en los ochenta, “por imperativo legal”. Los trabajadores y los pobres no podemos permitirnos pagar cuantiosas multas o ir a la cárcel, aunque las fuerzas y cuerpos trabajen para un Gobierno y un Estado supuestamente de los trabajadores y los pobres (3), aunque nos multen y encierren en nombre del bien común.

Cuando todo esto pase, o al menos pase lo más gordo del confinamiento, las pocas personas que aún piensen de modo crítico, las pocas personas que piensen más allá de consignas de partidos y grupos ideológicos, habrán (habremos, aunque uno no es inmune a los prejuicios) de plantearse si esto se podría haber hecho de otra manera, escuchando a  los expertos y a los pocos que han demostrado investigar desde la independencia .

Que evidentemente hay un virus muy malo por ahí suelto que ha obligado a encerrar a millones de personas en un arresto domiciliario colectivo. Bien, vale, admitamos esa premisa. Que como gatos domésticos se nos vuelve prisioneros por nuestro propio bien y el de los demás.

Dejaremos a los juristas, si les dejan, que determinen si las condiciones de este Estado de Alarma se han sometido a la ley y a la justicia, o si no estamos viviendo un estado de sitio encubierto.

Los hechos, sí, los hechos, no bulos, son que libertades básicas se han visto limitadas significativamente con el pretexto o por el bien de nuestra salud y supervivencia.

Salud y supervivencia sobre la que también legislan esas personas que tan alegremente votáis, incluidos PP, Ciudadanos y demás caras del mismo poliedro. Salud y Vida, vida hipócritamente sesgada a ambos extremos del camino:  aborto o próximamente eutanasia (y de facto, eutanasia pasiva o forzosa, como hemos visto estas semanas).

Hasta los nuevos adalides del ultra-liberalismo, VOX, si pillasen poder también recularían de algunos principios que les han valido ganarse el apoyo de miles de españoles hartos del pensamiento único. Igual que le pasó a Podemos con los aspectos más revolucionarios y sociales de su programa. En el momento que la supuesta izquierda toca poder, la revolución se reduce a postfeminismo, antifascismo, ideología de género y anti-cristianismo. Y la supuesta derecha conservadora (en realidad, liberalismo salvaje) tampoco va a velar por la justicia social o la defensa de la Tradición, Seguirán apoyando la UE, la OTAN, apretando más las tuercas a la clase trabajadora en nombre del libre mercado, la globalización o lo que manden los amos

Cambiar algo para que nada cambie.

En fin, que tendremos que seguir siendo gatos encerrados mientras las autoridades lo digan. Por nuestro propio bien.

Aunque quizá esto solo sólo sea el principio. De este experimento habrá que sacar las conclusiones que cada uno crea conveniente. Habrá quien empezará a ver que las cosas a nivel planetario son no sólo frágiles y cambiantes, sino que obedecen casi siempre a una partida de ajedrez global en la que los peones poco podemos hacer. Quizá resistir e intentar que cada vez haya más personas que se desconecten de Matrix. El problema es que este peón sólo tiene preguntas y no respuestas.

Y si tuviese respuestas desde luego que no las difundiría por aquí.

Sí, seguiremos siendo gatos encerrados, presos que salen al patio de la cárcel cuando se lo dicen los carceleros. Buenos ciudadanos sumisos, obedientes.

En ocasiones quisiera ser uno de mis gatos y esperar el paté diario, el pienso y las caricias. Y no tener consciencia ni voluntad.

Nos prometieron hace doscientos años la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

Y nos llevan de cabeza a la Esclavitud, la División (4) y la Homogeneidad (5).








(1) Harto, como el Maestro Unamuno, “de los hunos y de los hotros”.
(2) Véase “el mono desnudo” de Desmond Morris.
(3) En cuyo nombre el siglo XX ha visto ejecutar, matar de hambre o esclavizar a millones de personas en Asia, Europa Oriental o África.
(4) Y en eso la jugada está saliendo a la perfección: izquierdas contra derechas, trabajadores contra burgueses, mujeres contra hombres...
(5) todos iguales en pobreza, como en la URSS. Todos homogeneizados, fieles y dóciles como los Epsilon de “un Mundo Feliz” (¡Ay, Aldous!).



martes, 10 de diciembre de 2019

De viento ,niebla y cumbres


El reloj de la suerte marca la profecía,
deseo angustia sangre y desamor
mi vida llena y mi alma vacía,
yo soy el público y el único actor

LAS OLAS ROMPEN EL CASTILLO DE ARENA,
LA CEREMONIA DE LA DESOLACION
SOY UN EXTRAÑO EN EL PARAISO,
SOY EL JUGUETE DE LA DESILUSION
ESTOY ARDIENDO Y SIENTO,
FRIO, FRIO
(…..) Manolo Tena: Frío. Alarma 1984


Un otoño de verdad, al fin. Tras años de sequía , de veroños, de cielos blanquecinos. Día de la Inmaculada de 2019. Salgo a la calle, a un día gris, un día nublado, un diciembre como los de antes. Como los de mi infancia, de neblina y frío. Sólo falta el olor a hollín.

Tras años de sol despiadado y estelas en el sucio cielo de la ciudad. Ha vuelto el otoño. Como aquella vigilia de la Inmaculada de 1983 , aquella mágica noche en que la niebla no dejaba ver más allá de unos pocos metros.

No se me malinterprete. Me gusta el sol ibérico como el que más: el sol suave de la primavera, ese sol exultante de vida tras la tormenta o el sol crepuscular de las apacibles tardes de verano en el valle del Henares. Incluso el sol victorioso en los campos de Castilla. En su momento, en su medida.

Cada cosa tiene su momento, un tiempo para nacer, un tiempo para morir ( Eclesiastés 3:1-15 ) un tiempo para el sol, otro para la lluvia. Siempre ha sido así en Madrid, en la meseta castellana de clima mediterráneo con matiz continental como me enseñaron en la Universidad y no continental como nos enseñaron en la E.G.B. (dioses, continental es Rusia, eso sí es frío invierno). A saber ahora cómo llamarán al clima del interior peninsular (quién sabe, multicultiurbanita bordeado de desértico rural).

Así que ha ocurrido lo que no creí que volviese a suceder: ha regresado el otoño, un otoño de verdad. Ha vuelto a casa por Adviento.

Quizá la excepción a la regla en esa teoría del calentamiento global. Tal vez la respuesta de la madre naturaleza a los designios de quienes quieren que todo cambie. Que todo cambie a peor, obviamente. Que todo suceda según sus dictados y su hoja de ruta. Pero quizá –Inshallah- sus objetivos no estén tan cercanos como creen. Tal vez vuelvan los otoños, los inviernos, las primaveras, la dignidad y las conciencias de un tiempo más auténtico, cuando aún éramos libres pero no lo sabíamos.

Tal vez los profetas del cambio climático se equivoquen. Quizá porque el clima es sólo una excusa, como han sabido ver gentes diversas ligadas al mundo natural (Frank Cuesta, Álex Lachhein... y estoy seguro que hasta el gran Félix si estuviese aquí). La Madre Tierra es una excusa y un disfraz. El ecologismo moderno, el veganismo talibán, el antitaurinismo moderno… con todo su noble y justo origen, son marionetas. Títeres de los mismos intereses globalistas que financian y fomentan el feminazismo, las 236.754 identidades sexuales o lo que a los que manejan el cotarro les interese que cope las televisiones, las aulas y las calles. Para saber quién manda en el mundo, como diría Voltaire, mira simplemente a quienes no se puede criticar. Constata la unanimidad de la opinión pública, observa como quien se mueve no sale en la foto. Cómo las ovejas negras son, somos, apartadas del rebaño.

Lo peor de todo este maniqueísmo postmoderno es que han recuperado lo que parecía superado en este país: el guerracivilismo, el “los nuestros” contra “los suyos”, las izquierdas contra las derechas, las mujeres contra los hombres (el varón, el enemigo, el culpable de todos los males; da igual que la mujer sea ministra y el varón un mecánico que a duras penas mantiene a su familia. El mecánico, español y heterosexual, es el culpable). Y en esas estamos. En la crispación de Greta Thurnberg, en el odio y la bilis arrojada por l@s manifestantes más radikales del 8-M. En el revanchismo de la izquierda postmoderna, sí, más preocupada de todas esas luchas que nos dividen que en el bienestar de los desfavorecidos. Pero también en la aquiescente pasividad de la derecha liberal, que no deja de ser el reverso de la misma moneda decadente y degenerada. Por no hablar de esa derechona de siempre, que ya no es devota de Frascuelo, sino de la selección, pero que sigue siendo indiferente a los sufrimientos del obrero (la obrera y le obrere). La pela es la pela, y lo demás, se la pela.

Y hablando del paripé ecoloqué: mientras millones de títeres bienintencionados sacan a pasear unas pancartas y consignas prefabricadas por el poder, por el verdadero poder. Por el poder que organiza esas cumbres y manifestaciones subvencionadas por las grandes empresas contaminantes que luego cargan contra el pobre Eufrasio por ir al sembrado con su cochecito diesel. Significativo que la Banca española haya salido en la foto de Greta y a manifestar su compromiso incondicional con la cumbre esa.

Mientras todo esto sucede y se movilizan las masas, SEO advierte que los vencejos están desapareciendo de nuestras ciudades. Peor aún: hasta los gorriones, los pájaros por excelencia del paisaje urbano, están, lenta e inexorablemente, desapareciendo. Y por ellos nadie se moviliza, sólo unos pocos. Como los irreductibles activistas de SEO:  https://seoactua.org/pagina/aves-de-barrio

Volverá a carcajearse el otoño. Volverá a reír la primavera (sic) “volverán las oscuras golondrinas”. Y quien sabe si las cigüeñas volverán por San Blas, tras hibernar, como siempre, en lejanas tierras.

VIDEO FRANK

martes, 9 de julio de 2019

La espada y el discernimiento


Vislumbro torvo velero en lontananza
surgiendo entre sombrias nubes que ocultan el sol



Trae mi ancha espada, con ella el discernimiento.
Trae mi cruz dorada, ese es mi talismán.

Sube al castillo sagrado ,al borde del acantilado;
esconde a ancianos y niños, protégeles

Trae la ancha espada, dame el discernimiento
Bendice con bravo corazón a los que me acompañan
bendice a las mujeres e hijos que mantienen firme nuestro pulso

Empuja , viento del norte, nuestras espaldas río arriba. 
Sopla dulce aroma de recuerdos de la patria

Trae mi ancha espada, con ella el discernimiento
Trae mi cruz dorada, ese es mi talismán.








domingo, 3 de marzo de 2019

Nos robaron el Invierno


Aprecias la luz del día cuando ya la noche ha caido. A un amigo cuando ha muerto, a la espada cuando la has blandido y a la cerveza cuando la has bebido” (adagio vikingo)

Nos han robado el invierno, nos han robado el otoño. Los cielos grises, el olor a carbonilla, mañanas de neblina, frío en los huesos, lluvia, vida. Las esporádicas nevadas, las tardes melancólicas, el calor del hogar.

Durante los últimos años el otoño ha sido veroño, el invierno invieroño, extraña primavera de bochorno y luz eterna. Ya ni las flores ni las cigüeñas nos abandonan, ni las miasmas de la polución. Ya no se van los pastores a la Extremadura, ya no queda la sierra triste y oscura. Todo es sol, soleados días de Navidad, caluroso febrero, implacable sol sobre la llanura castellana polvosudor y hierro; el Cid cabalga.” 


Hay quien dice que la culpa es del cambio climático, del calentamiento global, de la falta de árboles en las carreteras, de los yankis o de los coches diesel. Para otros son los “chemtrails” , esas estelas que surcan nuestros cielo (para unos mero vapor de agua, para otros un experimento de la geoingeniería buscando controlar el clima o algo mucho mas siniestro con lo que fumigan a estas cucarachas humanas). Como dice un amigo mío en el caralibro: “ De repente desapareció el frío, las nubes, la lluvia... todos los días estelas y el cielo blanquecino -grisáceo y sin nubes naturales. Malestar constante, cambios de temperatura sin sentido... Solo sé que cada otoño con estelas y cielos blanquecinos empeora mi salud respiratoria. Como aquel invierno de tos enfermiza que me provocó hasta un síncope.¿Casualidad o causalidad? Cielos de fuego, tos eterna. El otoño del 2018 volvió la niebla, volvió el frío en las orejas, volvió la infancia y adolescencia. Pero fue un espejismo. En febrero volvió el purgatorio.

Siempre me gustó la primavera. Y el invierno, y el otoño y hasta acabé reconciliándome con el insufrible verano mesetario. Pero sin invierno no se entiende la primavera. No existe bien sin mal, ni noche sin día. Si todos somos iguales no, clones, qué gracia tiene la vida. La belleza de la primavera es complementaria al silencio del invierno, a los cielos grises, brumosos, del otoño de siempre. Al calor de la manta y el sofá viendo “qué bello es vivir” una tarde/noche de invierno

Lo mejor de los días de trabajo, lo mejor de los años de estudiante era el viernes, la salida, el recreo, el reposo del guerrero. La eterna vacación es la muerte. Y de eso los que hemos sufrido el paro de larga duración sabemos.

Me gustaba vivir en un país de secos frígidos inviernos, lluviosos otoños y primaveras de exhuberantes excesos. Ese país ya no existe. Y ni a los Riveras, Sánchez, Abascales o Pablemos les importa ni les interesa.

Nos han robado la melancolía de las tardes, el gris del tiempo. Todo es soleado, todo es secano. De haber querido vivir en el desierto me habría ido a Túnez, Murcia o Almería. Donde no conocen el “bajo cero” ni el concierto de las hojas cayendo ni los campos cubiertos por el hielo. Nos han robado el otoño, nos han robado el invierno.

El nuevo orden no quiere invierno. Nada de desigualdades: todas las estaciones, una. Una estación, una religión, una afición. Lo llaman igualdad pero su igualdad es homogeneidad. Un mundo feliz y uniforme, de clones, de esclavos que nacen, son adoctrinados, consumen y mueren a mayor gloria del Capital.

Todo es cambio, nos dicen.

Pero sólo perdimos lo bueno: el baile de las estaciones, la lluvia, el frío, el rocanrol , las viejas vías del ferrocarril convencional, los obreros que pescaban en los ríos. Los cangrejos españoles, los manantiales potables, las casas bajas, las tardes con los amigos, las ovejas en los campos, los programas televisivos infantiles , los sabores verdaderos.

Lo que de niño odiaba permanece, como el fútbol, la estupidez del rebaño los cantantes prefabricados, las modas , las izquierdas y derechas de 1789, el odio entre personas, las taxonomías y los “hooligans” de siempre y otr@s nueves, los mismos demonios con otras apariencias.

Los urbanitas madrilerdos han dado la espalda al campo, al ciclo de las cosechas , de los días de lluvia y los días de implacable sol. Qué más les da esta pseudoprimavera de árboles pelados y noches frías como el alma del usurero.

Qué tiempo más bueno, más terracitas para tragar más humos tóxicos”. Qué mas da, mientras tengáis vuestro I-phone, vuestro coche y vuestro soma dominical de carrusel deportivo.

Mientras vuestros amigos y familiares mueren casualmente de cáncer y vuestras familias se carcomen con la lepra de la degeneración postmoderna. Qué más dan todas estas bobadas de cuatro carcas y conspiranoicos.

Puede que un día no haya agua para todos. Puede que un dia descubráis que vuestro Iphone no se come.


Hoy me he enterado de que este otoño nos dejó otro amigo. Para él ya no habrá baile de estaciones, ni eterna falsa primavera, ni cielos surcados de estelas. Ni para él, ni la ceniza que son mis padres, mis tíos, mi abuela, los que nos dejaron creyendo que tenía sentido su lucha porque nosotros éramos su sentido.

El pepinillo está agotado, deshidratado, secado por el fétido siroco de este cielo sin sueño. No volverá a reir la primavera. No, hijo, no. Las estaciones no ríen.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Avispas de octubre





“Una avispa no detendrá a una locomotora, pero puede llenar de picaduras al maquinista” (viejo proverbio chino-tibetano de la RENFE)

Curioso a veces resulta el comportamiento animal. Instructivo, siempre. Los insectos voladores, particularmente moscas y avispas, al llegar el otoño y aproximarse el fin de su imperio manifiestan una conducta errática, colándose en las madrigueras humanas más de lo habitual,  más persistentes, más suicidas. Llevo observando hace años ese fenómeno, avispas como ebrias, describiendo caprichosos vuelos, quizá intuyendo que su fin se acerca con los fríos otoñales.

Tal vez todos seamos un poco como esas avispas de septiembre y octubre, volando sin saber hacia dónde, cazando cuando podemos, picando a quien consideramos un peligro. Perdidas y sin saber qué nos deparará lo que queda de vida.


“No sabemos lo que queremos, pero eso sí, con todas nuestras fuerzas rezaba el lema de la “revista” que editábamos los alegres chavales del COU-1. Como suelo constatar frecuentemente, puede que no hayamos encontrado la Verdad con mayúsculas aún, puede que nuestra vida sea una constante búsqueda, puede que no sepa, con más de medio siglo a mis espaldas, hacia donde encamino mis patas.

Pero tengo cada día más claro lo que no quiero, ni para mi ni para mi prójimo. Como no soy Schopenhauer, ni Nietzsche siquiera, no tengo excesiva fé en que mi voluntad individual pueda hacer gran cosa para cambiar la podredumbre que nos asfixia. Quizás sólo me quede el sano pataleo. Sólo o en compañía de otros disidentes de este Mundo feliz. Y aunque no soy ningún santo, ni de lejos, sólo me queda encomendarme a Dios para que me dé fuerzas e ilumine este vuelo de avispón de mediana edad y cascarrabias.

5 de octubre otra vez. Nací en un lluvioso otoño, pero cumplo años en un verano eterno, un primaveroño cálido e insidioso. Quién sabe, quizá haya un cambio climático y las avispas prolonguen su tambaleante ruta hasta los fríos invernales, si es que estos llegan alguna vez. Avispas de otoño. Vespas en italiano. Vespas de otoño, las de los Purple Weekend leoneses, las oscuras mod-londrinas que ya no volverán



Suena la Rapsodia Bohemia en la lista de Spotify, y Freddie Mercury entona eso de



“Mama, I don´t wanna die, but sometimos wish I´d never been born at all (…) Oh mama mia, mama mia, mama mia let me go; Beelzebub has a devil put aside for me (…) “




La verdad es que mi demonio de guardia no se ha esmerado mucho. Alguna tentación de hermosas formas pero débil actuación. Quizá porque sabe que no es necesario. Basta con hacerme perder la Esperanza. Y la Fé. Y hasta el café. Pues no;  ya que soy un cabezota y me crece el llevar la contraria, pienso resistirme. No pienso tirar la toalla fácilmente, ni el pañuelo siquiera.)  /



En fin, disgresiones musicales aparte, odio cada vez con más fuerza esta meteorología postmoderna e ipod-moderna. Este calor de verano en octubre, este verano de muerte. Este otoño de mierda.

No me extraña en absoluto que las cigüeñas no emigren, los árboles no pierdan sus hojas y las avispas vaguen perdidas, como ánimas en pena de una Santa Compaña de himenópteros solitarios.  Pena es lo que siente sin fondo mi corazón este 5 de octubre. Pena y desconsuelo. Como león de esa manada del Namib que perdió hace poco a la matriarca del clan, una vieja leona que enseñó a cazar a su prole. Como esos “5 mosqueteros” del documental de Nat Geo Wild vagando huérfanos por el desierto. Somos leones adultos y hemos de cazar los antílopes y jirafas por nuestros propios medios. Hasta que las implacables arenas de este Namib mesetario nos engullan a nosotros también y sólo seamos polvo y huesos. De león, pero huesos.



Por lo pronto, más que león soy avispa de octubre, perdido en una ciudad sin sentido y sin alma. Pero aún puedo morir picando al maquinista.








domingo, 15 de noviembre de 2015

París-Madrid: Asco, dolor e impotencia



Llanto por los caídos en París. Pero también por el niño palestino quemado por colonos israelíes. También lloro por las niñas y mujeres yazidíes vendidas como esclavas, violadas y vejadas por las bestias del ISIS, bestias alimentadas por nuestros “aliados” y amos : EEUU, Israel, Arabia S. LLORO de rabia e impotencia por las bravas mujeres del Kurdistán. Y por los cristianos sirios o iraquíes martirizados por su Fé. 



Harto de narices de payaso, de palabrería inútil, de “la unidad de los demócratas  frente al terror”.Harto de hipócritas con las manos manchadas de sangre.


Reviviendo estoy los nauseabundos momentos del 11 M de 2004. Como entonces, una ciudad a la que amo ha sido atacada. Como entonces, las víctimas no son líderes políticos ni financieros. Son gente del pueblo, clase obrera. Como entonces, unos y otros intentan arrimar el ascua a su sardina. 


La derechona anglosionista llamando a intervenir de manera más directa, terrestre, en Oriente Próximo. Y cómo no, agrediendo a Siria. Más aún. Acojonating. Al Assad, a ver si nos vamos enterando, puede ser un dictador, pero no es el enemigo. Rusia no es el enemigo. Es más, ellos son los que están defendiendo al verdadero mundo libre de la barbarie del ISIS . Ellos, los drusos, las kurdas, los cristianos maronitas, los chiítas de Hezbollah. 


La izquierda progreflauta y chupiguay llamando a “entender” a los yihadistas, pobrecicos. Y a abrir las puertas de Europa a todo quisqui. Wellcome, refugees. Ya vemos las conseceuncias. Aquí no hay integración posible. El mundo está en guerra. Es la Sharia versus Grecia y Roma. 


No es una guerra, como algunos quieren que creamos, entre el Islam y la Cristiandad. Es una guerra entre un mundo de esclavos y un mundo de hombres y naciones libres.


O espabilamos o seremos los últimos romanos.




miércoles, 8 de octubre de 2014

Del 12 de Octubre, el Ébola y la defensa de la usurocracia

/Probablemente esta publicación ofenderá a alguien, ya que generalmente nadie lee lo que escribo, o al menos nadie comenta mis escritos salvo cuando le molestan. /
c0l0n
 
Ya es casi 12 de octubre, día que fue de la Raza, de la Hispanidad, pero que desde hace unos años se ha reducido a Fiesta Nacional entendida tal como de España (sin Portugal).


Al grano. Una reciente encuesta nos informaba recientemente de que sólo una minoría de españoles estaría dispuesto a luchar por España . (“este al parecer es el resultado de una encuesta del CIS del 2013, cuyo resultado es que solamente el 16% de los españoles defendería su país en caso de ser atacado)
A mi generación se la educó en el amor a la Patria y a la bandera. Más que educar, se nos obligó a amar a la Patria y la bandera. La Patria entendida como “unidad de destino en lo universal”, Una, Grande y Libre. Y todo eso. Resulta que llegó la llamada Democracia (Partitocracia, Usurocracia, o cualquier otra cosa más bien) y se cambió la bandera, su escudo en concreto. Y la mayoría de los varones de mi generación, incluido el que esto escribe, juramos defender esa bandera. Bandera que el día de mañana puede que cambien por otra con una franja morada, o arcoiris, o el escudo por un Bob Marley con rastas. ¿Por qué no? La masa puede decidir lo que quiera, o mejor dicho, lo que la hagan creer los que controlan los medios de comunicación, los partidos políticos y los planes de estudios.

A mi no me extraña en absoluto esa desafección. Y voy a decir lo que pienso, aunque algún cretino me tache de antipatriota. Yo juré esa bandera, juré defenderla con mi sangre. Entregué, como muchos jóvenes VARONES más de un año de mi vida al ejército español. ¿Y qué me dio la Patria a cambio?
Un buen amigo mío, tras años de estudios y esfuerzo personal ha terminado brillantemente sus estudios de Ingeniería. ¿Y qué salidas tiene? Por tierra, por mar y por aire (caramba, como nuestros ejércitos)
En mi caso, tras lustros de estudios con buenas notas, tras más de 15 años de experiencia laboral y cotización a la Seguridad Social: ¿qué me ofrece mi país? Un subsidio para subsistir malamente. Incomprensión, falta de respeto e indignidad. Señores gobernantes (lo de señores sobra), si he de acogerme a la caridad familiar y estatal es porque no se me ofrece un puesto de trabajo que me permita vivir . ¿Y me piden que les apoye, o que luche por ellos? A la Patria, sí, la sigo amando a pesar de todo. Pero sobre todo a la Matria, que es Castilla, con la que España se comporta como un hijo malnacido y miserable que ha abandonado a su madre en la gasolinera de las autonosuyas.

Por la Patria, por mi mujer, mis hermanos y sobrinos sí daría la vida. Por este Estado corrupto, degenerado y vergüenza de occidente, no.
No es casual que los primeros casos de Ébola fuera de África hayan tenido lugar en España. “Corruptio Optima, Pesima”. No me cansaré de repetirlo. De “reserva espiritual de Occidente” que decía el franquismo hemos pasado a cloaca del mundo civilizado.

Quizá lo mejor sea que se propague de una vez la epidemia y muramos todos. Quizá sea lo que se merezca este pueblo de borregos . Sociedad putrefacta de tontos arrogantes que apoyan a gobiernos que sufragan con dinero de todos a esos mismos bancos que nos expulsan de nuestras casas, a ese mismo oligopolio que nos sube la luz, el gas y lo que sea menester.
Ese pueblo tan orgulloso de ser “español, español, español” (mientras entona el Kalinka, canción tan española) porque tenemos unos deportistas guays o una multinacional de las telecomunicaciones que hoy mismo me ha cortado la línea de teléfono móvil por impago (da igual que sea por insolvencia=ruina económica=paro, ellos sólo entienden el idioma del dinero).
Esta ya no es mi Patria. País de cobardes, tontos útiles y degenerados Quizá este pueblo y esta tierra no se merezcan que luchemos por ella. Yo, como debo de ser tonto o masoquista, pienso seguir luchando hasta el final por lo que creo justo y verdadero. Contra todo, contra todos. Pero si es la voluntad del Creador que nos vayamos todos a hacer puñetas, sea.

NonFotis3ª
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